No Se Dormirá el Que Te Guarda…

6. enero 2010

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 Mi Logo ¡Pobres criaturas humanas, vivimos asediados de temores!  Tememos al tiempo, a las enfermedades, a la miseria, al dolor, a la muerte… y a veces a la vida misma.  Hay quienes temen al trueno, al relámpago, a las sombras, a los malos espíritus, y a un sin número de supersticiones.  Además no hay que ser supersticioso para tener temores, porque la crueldad que hay por donde quiera que miramos nos deja paralizados..

¿Qué hacer?  No podemos arrancarnos los temores como si fueran una mala hierba, porque es algo inherente a nosotros, pero ¿permitiremos que nos dominen?  ¿Dejaremos que esos temores nos controlen? ¡No!  Cuando sientas temor, recuerda:  “No se Dormirá el que te Guarda”.

Una madre y su hijita se preparaban una noche para acostarse.  La niña sentía miedo de la oscuridad y estaba atemorizada.  Cuando las luces se apagaron vio la luna por la ventana y le dijo a su madre:

-Mamá, quiero que me digas  ¿será la luna la luz de Dios?  La madre le contestó:

-Sí hijita.  La niñita volvió a preguntarle:

-Y ¿apagará Dios su luz para dormir?  Esta vez la madre puso la mano sobre su cabecita y le dijo:

-No hija mía, Dios nunca se queda dormido. 

Estas palabras despertaron la fe de su corazón infantil y dijo:

-Pues si Dios está despierto, no tengo miedo.

Canta este hermoso Salmo 121 y que tu alma, confiada en el que hizo los cielos y la tierra, repose como una criatura inocente, segura de que “El guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre”.

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ORACION DE AÑO NUEVO

1. enero 2010

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SEÑOR: para este día
de año nuevo te pido
antes que la alegría,
antes que el gozo claro y encendido,
antes que la azucena
y que las rosas,
una curiosidad ancha y serena,
un asombro pueril frente a las cosas… 
Quiero que ante el afán de mi mirada,
enamorada y pura,
todo tenga un misterio de alborada
que me deslumbre a fuerza de blancura. 
Quiero ser el espejo con que el río
convierte en gozo nuevo la ribera:
quiero asombrarme del estío
y enamorarme de la primavera. 
Señor y Padre mío:
dame el frescor de esta pradera llana,
riégame del rocío
de tu mejor mañana. 
Hazme nuevo, Señor,
y ante el cielo, y los campos y la flor,
haz que mi asombro desvelado diga:
Señor… ésta es la rosa, ésta es la espiga…
¡y esto que llevo dentro es el amor!

José María Pemán
(1898-1981)

Un Año Más Se Va…

31. diciembre 2009

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Mi Logo Cuando llega esta fecha, casi todos decimos asombrados:  “¡Cómo pasa el tiempo!”  Pero la realidad es que somos nosotros los que pasamos.  Por eso alguien ha dicho que es gran sabiduría pensar cada día que ese podría ser el último y  tener muy presente que estamos aquí de paso, porque un día vamos a morir.  Esa es una forma sabia de vivir, porque así valoramos cada minuto, reconociendo que la vida es breve e incierta. 

Así cuando nos levantemos cada mañana agradeceremos el tener la oportunidad de escribir una página más en el libro de nuestra vida y trataremos de que sea cada vez más hermosa, sin borrones ni manchas.  Entenderemos que cada momento que le dediquemos a la ira, los celos, el egoísmo o la envidia, serán momentos lastimosamente desperdiciados. image

Mediremos la vida en buenas acciones y en sentimientos de amor y de bondad, más que en años o estaciones, porque nos importará más vivir bien que vivir mucho. Y esas buenas acciones no serán sólo para unos pocos, sino para todos, comenzando por los que están con nosotros, porque, como dijo un gran escritor, “es dudosa la caridad que extiende la mano para ayudar a los lejanos pobres”.

Esta noche, al despedir el año que se va, vamos a abrazar un poco más fuerte, por un poco más de tiempo a nuestros seres queridos; a los que están a nuestro lado.  Así agradeceremos a Dios por ellos, el mayor regalo, y no le pediremos nada, sólo quizás un día más, para ser mejores…

 

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La Maravilla de la Navidad

24. diciembre 2009

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¡Nació Jesús!  No vino por unos pocos privilegiados.  No vino por los más talentosos o agraciados.  Ni vino sólo para los jóvenes o para los ancianos; para los ricos o los pobres. ¡Vino por toda la raza humana! Vino por los corazones angustiados y trabajados… y también por los de espíritu alegre.  Vino por los pequeños y los grandes; por los temerosos, los intrépidos; por los célebres y también por los olvidados…  Vino por ti y por mí.  Esto fue una idea de Dios, una idea infinitamente sublime a favor de toda la raza humana.  Esa es ¡la maravilla de la Navidad!

Cuando somos capaces de entender este prodigio del amor de Dios, queremos unir nuestras voces al cántico de las huestes celestiales llenando el aire de gozo y alabanza como en aquella bendita noche cuando nació el Salvador.

Glorifiquemos a Dios, al que no escatimó a Su hijo, sino que lo entregó por nuestra redención y pidamos humildemente que la estrella que guió a los ilustres visitantes de tierras lejanas; aquella que iluminó el pesebre, alumbre nuestra senda y nuestro entendimiento hasta el fin de nuestros días.

Que el toque milagroso de la Divina gracia del Niño de Belén nos restaure, llenando el alma de dulce paz y humildad, para que nuestra adoración sea pura y sincera.  Con la pureza y la verdad que hay en el corazón donde Él ha nacido, y sintamos la necesidad de revelar el mensaje de la redención a todos los que encontremos a nuestro paso.  Para que otros puedan comprender que el nacimiento de Cristo fue el amanecer de un nuevo día para la humanidad. ¡Día de esperanza y de amor!

Queridos amigos del Rincón de Amistad, mi petición a Dios es que todos podamos entender ¡la maravilla de la Navidad! Y que nuestro corazón, humillado ante tan gran amor se derrame ante Él en una libación de gratitud y se rinda a la suprema voluntad viviendo para Su gloria.

Noche De Paz

22. diciembre 2009

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 Noche de pazTodas las navidades desde que supe hablar, he cantado este hermoso villancico que me enseñaron mis padres, y creo que el mundo entero lo canta, pues dicen los historiadores que nació desde el año 1818, en una aldea de Austria, hace 191 años.

Esa letra tan familiar y la sencilla melodía tienen poder para inspirar una paz celestial y una alegría que envuelve todo nuestro ser, porque nos sentimos trasladados en el tiempo a aquella bendita noche y al lugar donde nació nuestro amado Salvador, en un humilde establo, en Belén.

¿Quién puede dudar que, al entonar esta dulce canción, se unan a los fieles los ángeles que la cantaron aquella noche santa?

Cuando cantes este himno, recuerda que Cristo vino a traer paz; la paz verdadera que es quietud del corazón; un reposo de la mente y el alma tan perfectos que nadie ni nada puede alterar.

Pueden llegar a tu vida grandes tormentas, y pueden surgir dentro de ti tempestades de orgullo y soberbia que quieran destruirte, pero en el poderoso nombre del Rey que nació en un pesebre, únete a los fieles de todos los tiempos y canta lleno de confianza esta preciosa melodía, seguro de que vas a conquistar la humildad, el amor, la paz y la fe que darán sentido a tu vida.

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Señor, Toma Mis Panes y Mis Peces

13. diciembre 2009

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mis panes y mis pecesUna historia de vísperas de nochebuena

Éramos muchos hermanos, ocho en total, mi papá trabajaba tiempo completo edificando iglesias.  Y aunque Dios siempre suplió nuestras necesidades básicas, éramos muy pobres, algo que no pasaba desapercibido para nuestras maestras de la escuela.

Se acercaba la nochebuena y la maestra de mi hermana anunció que todos los alumnos debían llevar algo para obsequiar la cena de nochebuena a la familia más pobre del pueblo.

Mi mamá, llena de compasión y alegre de poder ayudar a la familia más pobre, consiguió con mucha dificultad, un paquete de frijoles para que mi hermana lo donara.

Y llegó el día de llevar el presente.  Los muchachos, ordenados en una fila, salieron con la maestra al frente.  Mi hermana no podía dar crédito a sus ojos cuando vio que se encaminaron hacia nuestro hogar.  Al llegar, con mucho cariño la maestra le entregó varios paquetes grandes de comida a mi mamá para la cena de nochebuena.

No sé si aquella buena mujer era cristiana, pero si sé que había interpretado bien el espíritu de la Navidad.  Ella nunca supo que aunque era la víspera de la nochebuena, nosotros todavía no teníamos nada para la cena, pero Dios la usó como instrumento para ayudar a sus hijos.

Siglos atrás, cuando una gran multitud seguía al Maestro para escuchar su mensaje y estaban hambrientos, un niño ofreció al Señor sus panes y sus peces, eran pocos y todo lo que tenía, pero El buen Jesús los multiplicó para que comieran todos, y sobró.

Por eso yo hago esta petición: “Señor, toma mis panes y mis peces”, que nunca piense que son tan pocos que no puedan alcanzar; que tenga la fe para saber que Tú puedes multiplicarlos y saciar al alma hambrienta.  Que entienda que eres Tú quien has “llenado mi cesto”, con tu infinita bondad. Te pido con el poeta: “Aumenta mi caridad para seguir compartiendo.  Que llegue a todos tu pan, y una nueva humanidad viva feliz en tu reino”.

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Libro Corazón –Diario De Un Niño

3. diciembre 2009

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O C T U B R E

EL PRIMER DIA DE ESCUELA

Lunes, 17

Hoy, ¡primer día de clase! ¡Pasaron como un sueño aquellos tres meses de vacaciones consumidos en el campo! Mi madre me condujo esta mañana a la sección Bareti para inscribirme en la tercera elemental. Recordaba el campo, e iba de mala gana. Todas las calles que desembocan cerca de la escuela hormigueaban de chiquillos; las dos librerías próximas estaban llenas de padres y madres que compraban carteras, cuadernos, cartillas, plumas, lápices. En la puerta misma se agrupaba tanta gente, que el bedel, auxiliado de los guardias municipales, tuvo necesidad de poner orden. Al llegar a la puerta sentí un golpecito en el hombro; volví la cara: era mi antiguo maestro de la segunda, alegre, simpático, con su pelo rubio rizoso y encrespado, que me dijo:

-Conque, Enrique, ¿es decir que nos separamos para siempre?

Demasiado lo sabía yo; y sin embargo, ¡aquellas palabras me hicieron daño! Entramos, por fin, a empellones. Señoras, caballeros, mujeres del pueblo, obreros, oficiales, abuelas, criadas, todos con niños de la mano y cargados con los libros y objetos de que antes hablé, llenaban el vestíbulo y escaleras, produciendo un rumor como cuando se sale del teatro. Volví a ver con alegría aquel gran zaguán del piso bajo, con las siete puertas y las siete clases, por donde pasé casi todos los días durante tres años. Las maestras de los párvulos iban y venían entre la muchedumbre. La que fue mi profesora de la primera superior me saludó diciendo:

-¡Enrique, tú vas este año al piso principal, y ni siquiera te veré al entrar o salir! -Y me miró con tristeza.

El director estaba cercado por una porción de madres que le hablaban a la vez, pidiendo puesto para sus hijos; y por cierto que me pareció que tenía más canas que el año pasado… Encontré algunos chicos más gordos y más altos de como los dejé, abajo, donde ya cada cual estaba en su sitio, vi algunos pequeñines que no querían entrar en el aula y se defendían como potrillos, encabritándose, pero a la fuerza les hacían entrar en clase. Y aún así, algunos se escapaban después de estar sentados en los bancos; otros, al ver que se marchaban sus padres, rompían a llorar, y era preciso que volvieran las mamás, con lo que la profesora se desesperaba.

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Me Maravilla Su Gracia

30. noviembre 2009

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          ¿Quién es el que dice que no ve milagros?   Pues que venga y vea, porque la historia se repite: “¡Lázaro, ven fuera!” Y el que había sido muerto vivió…”    Y el buen Pastor una vez más dejó a las noventa y nueve y fue en busca de la oveja perdida “Y el que había sido perdido fue hallado”.  ¡Cuánto me Maravilla Su Gracia!

          Mi corazón rebosa de gratitud y se maravilla ante la gracia salvadora de Dios.  Una gracia que no solamente alcanza a los que se arrepienten, sino que conquista el corazón del hombre para que se arrepienta.  Una gracia poderosa para dar un nuevo corazón y llenarlo de fe. 

          Me maravilla Su gracia, cuando hace que el hombre que odia la santidad, llegue a amarla al grado de renunciar hasta a las cosas que para él eran de suma importancia. 

          Me maravilla esa gracia redentora que transforma el corazón arrancando de él las cosas que deshonran y ofenden a un a Dios infinitamente santo.   Esa gracia poderosa que constriñe al más duro corazón, a que se incline humillado ante Él.

          Esa gracia que planta la semilla de la vida en el alma muerta y la hace crecer y la fortalece para que pueda deshacerse de todas las ligaduras del pecado, perfeccionándola para Su gloria, y reconciliándola con Él.

          Esa obra maravillosa de la gracia de Dios la vimos una vez más entre nosotros, perdonando, restaurando, dando vida y consolando.  Estoy agradecida de Dios y mi alma le glorifica por esa maravillosa gracia que se derramó sobre sus hijos levantándolos allá en Houston.  Entre ellos Daniel Martínez, a quien el Espíritu Santo llenó con este precioso mensaje:

          “Tierra fértil, de preciosos y deleitosos frutos fuiste.  ¿Por qué tuviste que tornarte en tierra reseca y estéril?   Disfrutabas de mi lluvia y de mi fresco rocío.  Hoy traigo a ti la lluvia temprana y tardía.  Como Naamán, has oído el consejo y te has sumergido en el río de mi Espíritu para recibir el nuevo nacimiento que necesitabas con ansias.

          Como recién nacido aliméntate de la leche espiritual y serás apto para entrar en el reino de mi Padre.  Ese cambio que otros han notado en ti es la demanda de mi espíritu Solo así podrás escuchar la bienvenida que recibirán los justos.  Bien, buen siervo y fiel, entra en el gozo de tu Señor.  Amen”

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“¿Qué Pagaré a Jehová…?”

25. noviembre 2009

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 que-pagare Así dijo el Salmista, rebosando gratitud y acciones de gracias, en el Salmo 116.  “¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo?.   Te ofreceré sacrificio de alabanza, e invocaré Tu Nombre…”.  Y mencionaba las cosas por las cuales estaba agradecido:  “Porque ha oído mi voz y mis súplicas; porque ha inclinado a mí su oído…  

…Tú has librado mi alma de la muerte, mis ojos de lágrimas y mis pies de resbalar…”. 

Otro año ha pasado con bendiciones y luchas; hemos tenido inquietudes, tribulaciones; también  gozos y penas.  Nuestro corazón está saturado de diversas experiencias, y así nos encontramos al celebrar la fiesta anual del Día de Acción de Gracias.

            Algunos rebosan gratitud, llenos de contentamiento; otros reflejan una sombra de gran dolor, por la pérdida de algún ser amado o de la salud.  No a todos se nos ha ofrecido la copa rebosante de la salud, el bienestar y la dulce paz.  Hay quienes están recluidos en el lecho del dolor; otros acosados por el terrible espectro del hambre y la pobreza.  Y muchos soportan el asalto feroz del enemigo de las almas que quiere quitarles el gozo de la salvación.

            A esos que sufren quiero recordarles que, aunque todo nos falte, Él nos ha salvado de la condenación eterna.  Nos ha dado Su santa Palabra.  Nos dio su único Hijo y Su Santo Espíritu, y pelea por nosotros como poderoso gigante.  Tenemos siempre razones sobradas para la acción de gracias.  “Tú que me has hecho ver muchas angustias y males, ¡volverás a darme vida!”  -dijo un gran hombre cuando estaba en lo más profundo del dolor y el abatimiento, porque tenía fe.

            ¿Con qué pagaremos a Jehová?  Si eres de los que han  recibido mucho de los bienes y de las misericordias de Dios, comparte generosamente con los menos afortunados.  Llena el aire de un dulce incienso de acción de gracias con tus ofrendas y con acciones de amor, para que de esa manera hermosa le digas a tu Dios:  “¡Estoy agradecido!”.  Únete al Salmista:  “A Jehová pagaré ahora mis votos delante de todo su pueblo, en los atrios de la casa de Jehová en medio de ti, Jerusalén,  ¡Aleluya!”

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¡Con Él, todo es tan fácil y tan Dulce!

24. noviembre 2009

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          -Jesus-Mediador1           Cuando hemos podido disfrutar de experiencias espirituales así como la que describió nuestra amiguita Grisel.  Cuando hemos llegado a ese estado en que sentimos que si extendemos la mano tocamos el rostro de Jesús.  Cuando le hemos sentido tan cerca que pensamos que si abrimos los ojos, vemos Su amado rostro; y sentimos que Su presencia nos envuelve de una manera tan maravillosa que no queremos que se rompa ese momento… Esa experiencia es incomparable y hace que nos olvidemos de nosotros mismos y de toda la miseria de esta vida terrenal, y no deseamos nada más que estar con El.  Entonces sentimos un gran amor hacia los demás y queremos que sientan lo mismo y puedan alcanzar ese clima celestial…

            Cuenta una parábola que hubo una santa que después de haber andado mucho, y ya en el linde del cielo, vio a un anciano luminoso.  Y el anciano le preguntó:

            -¿Qué buscas, mujer?

            -Alivio para el dolor de mis hermanos, ayuda para que alcancen la felicidad.

            -Ellos debieran venir, no tú, a buscarlo.

            -Los pobrecitos no pueden.

            -Y tú ¿cómo pudiste?  ¿Quién te enseñó el camino y te dio fuerzas para llegar hasta aquí?  ¿Quién te hizo olvidar tus amarguras y pedir por tus hermanos?

            -¡Fue Dios misericordioso!  -Repuso ella sonriente-  Con Él ¡todo es tan fácil y tan dulce!

            -Anda mujer, diles eso, sonríe como ahora ¡y sentirán pequeños sus pesares y al alcance de la mano su esperanza!

            Tengo una muy querida amiga que canta este hermoso himno y siempre que la escucho tengo que, glorificando a Dios, unirme al canto llena de gratitud porque sé que “Con El, todo es tan fácil y tan Dulce…!

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