Señor, Toma Mis Panes y Mis Peces

13. diciembre 2009

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mis panes y mis pecesUna historia de vísperas de nochebuena

Éramos muchos hermanos, ocho en total, mi papá trabajaba tiempo completo edificando iglesias.  Y aunque Dios siempre suplió nuestras necesidades básicas, éramos muy pobres, algo que no pasaba desapercibido para nuestras maestras de la escuela.

Se acercaba la nochebuena y la maestra de mi hermana anunció que todos los alumnos debían llevar algo para obsequiar la cena de nochebuena a la familia más pobre del pueblo.

Mi mamá, llena de compasión y alegre de poder ayudar a la familia más pobre, consiguió con mucha dificultad, un paquete de frijoles para que mi hermana lo donara.

Y llegó el día de llevar el presente.  Los muchachos, ordenados en una fila, salieron con la maestra al frente.  Mi hermana no podía dar crédito a sus ojos cuando vio que se encaminaron hacia nuestro hogar.  Al llegar, con mucho cariño la maestra le entregó varios paquetes grandes de comida a mi mamá para la cena de nochebuena.

No sé si aquella buena mujer era cristiana, pero si sé que había interpretado bien el espíritu de la Navidad.  Ella nunca supo que aunque era la víspera de la nochebuena, nosotros todavía no teníamos nada para la cena, pero Dios la usó como instrumento para ayudar a sus hijos.

Siglos atrás, cuando una gran multitud seguía al Maestro para escuchar su mensaje y estaban hambrientos, un niño ofreció al Señor sus panes y sus peces, eran pocos y todo lo que tenía, pero El buen Jesús los multiplicó para que comieran todos, y sobró.

Por eso yo hago esta petición: “Señor, toma mis panes y mis peces”, que nunca piense que son tan pocos que no puedan alcanzar; que tenga la fe para saber que Tú puedes multiplicarlos y saciar al alma hambrienta.  Que entienda que eres Tú quien has “llenado mi cesto”, con tu infinita bondad. Te pido con el poeta: “Aumenta mi caridad para seguir compartiendo.  Que llegue a todos tu pan, y una nueva humanidad viva feliz en tu reino”.

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De Nuestro Anecdotario…

16. octubre 2009

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jardin¿Cómo está tu jardín?

          Aquella propiedad estaba abandonada, el patio era un terreno polvoriento, rocoso e inhospitalario.  Los vecinos ya lo usaban como camino porque les resultaba más fácil pasar por allí hacia sus casas.  Cuando me enteré que aquel matrimonio, gente especial y ancianos ya, iban a vivir allí, pensé que, por más que lo arreglaran, no encajarían nunca en aquel sitio.

          Pronto descubrí que estaba equivocada.  Es increíble la transformación que puede hacer el buen gusto, la dedicación, el amor, el cuidado de manos expertas y, por supuesto, el sacrificio.  Poco a poco, Flore y Mirta hicieron de la casa un hogar bellísimo y acogedor, pero lo que me dejó sin aliento fue el jardín.

          El día que entré a verlo (me invitaron a una deliciosa cena) no podía dar crédito a mis ojos.  Adonde quiera que miraba había preciosas plantas, enredaderas, flores multicolores… ¡qué belleza!  ¡Qué ambiente tan refrescante de perfumes, sombra y variedad de plantas hermosas…!  Bien valió el sacrificio.

          Y pensé en el jardín interior, en el jardín del alma, que cuando es cuidado con esmero y dedicación, sucede lo mismo, adonde quiera que vayamos, nos rodearemos de un ambiente encantador.

          ¿Cómo está tu jardín interior?  Si tiene abrojos o mala hierba, no te desanimes.  ¡Manos a la obra!  La edad no es excusa, ni lo árido del terreno.  Con esfuerzo y dedicación puedes hacer que allí florezcan bellos capullos de amor y de perdón. ¿No es eso maravilloso?  En ese terreno que ahora está árido, pueden nacer bellas enredaderas de oración y de alabanzas, junto a frondosos árboles de fe que te protegerán de las inclemencias de la vida y pasarás con victoria en medio de las pruebas.  Sí amigos esforcémonos por atender nuestro jardín para que florezca.  Vale la pena.

 

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De Nuestro Anecdotario…

8. septiembre 2009

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la-voluntad-de-dios1Seguiremos haciendo la voluntad de Dios

En el versículo del día de hoy en el Rincón de Amistad, el Salmista pide: “Enséñame a hacer tu voluntad porque Tú eres mi Dios…” 

Y recordé que hace algunos años, unos publicistas hicieron un reportaje acerca de nuestra Iglesia sacando a la luz las partes que ellos veían “oscuras”.  Lo leí y no sé qué expresión vería mi hijo en mi rostro, que me dijo resueltamente tratando de animarme:

-Mami, no importa lo que ellos digan, nosotros seguiremos haciendo la voluntad de Dios.

          Sus palabras me asombraron, porque él tenía sólo siete años de edad, pero me llenaron de ánimo, pensando: “Seguiremos haciendo la santa voluntad de Dios y aceptándola aun cuando no todo nos vaya bien, porque le amamos y le conocemos y porque tenemos fe en Él y en sus santas promesas”.

          Entonces le dije:

          -Sí hijito, no importa lo que el mundo diga, o cómo nos juzgue; ni que algunos se aparten de la senda, o que otros se cansen.  Nosotros seguiremos haciendo la voluntad de Dios.

          El apóstol Juan dijo: “El que dice: Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso y no hay verdad en él”.  Una prueba irrefutable de que Dios mora en nosotros es cuando tratamos de que nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y nuestras acciones estén en armonía con la santa voluntad de Dios.

          Unámonos al Salmista en esta sabia petición: “Enséñame a hacer tu voluntad”

        

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De Nuestro Anecdotario…

6. septiembre 2009

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la-bibliaEl Libro Robado

       

Un ladrón se introdujo cierta noche en una casa.  Al oír un ruido corrió rápidamente a esconderse debajo de una cama.  Se sintió espantado cuando vio que todos los miembros de la familia se reunían en la habitación en que él estaba escondido.  El padre de la familia se sentó precisamente sobre esa cama, tomó un libro y leyó una página del mismo a su esposa y a sus hijos.  ¡Eran palabras tan hermosas!  Nunca el ladrón había oído cosa semejante. 

         Terminada la lectura, toda la familia se pone de rodillas para orar.  El padre se dirige a Dios como su amigo.  “¿Cómo puede alguien hablar con Dios con tanta confianza?”  Pensaba el ladrón.

         Luego la familia se retiran cada uno a su habitación y se duermen.  El intruso entonces sale cuidadosamente sin llevarse nada más que el misterioso libro:  la Biblia.  A medida que va leyendo queda convencido de que el secreto de la verdadera dicha está contenido en este libro, hasta que después de haber transcurrido algunos meses, nuestro ladrón se acerca a Dios y confiesa sus pecados.  Trae de vuelta la preciosa Biblia a sus propietarios, y les cuenta su historia.  Entonces en la misma habitación, de rodillas, el padre de la familia y el ladrón agradecen al Señor por haber hecho de ellos hermanos en Cristo Jesús.

         Cuán importante es que no descuidemos ni un solo día el altar familiar; el reunirnos con los nuestros para la oración y la lectura del libro más maravilloso que jamás haya existido y que por la gracia de Dios tenemos en nuestro poder.  Dios hace milagros a través de su palabra, aunque algunos no los vean, y aunque quizás para nosotros mismos a veces pasen desapercibidos…  Comencemos hoy el altar familiar en cualquier lugar de la casa que elijamos y sí vamos a ver milagros… 

 

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De Nuestro Anecdotario…

14. julio 2009

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           una-cartaCuando leí el comentario de Judith en el capítulo de hoy del libro Corazón, recordé que  una tarde cuando recogí a Eric, mi hijo mayor, de la escuela, me entregó una carta que me enviaba la maestra.  Él estaba en noveno grado.  Mi reacción fue de sobresalto, ¿qué estaría pasando…?  Pero la carta me llenó de regocijo y gratitud hacia Dios por mi hijo. Tanto me gustó que todavía la conservo.

            La maestra decía entre otras cosas, que para ella era un gusto escribirme porque Dios me había bendecido con un hijo especial; decía –de manera jocosa- que ella con gusto lo hubiera clonado para llenar el aula con muchos alumnos como él.  Sentimos, su padre y yo, tanta satisfacción que le mostrábamos la carta a todos los familiares y amigos que nos visitaban, haciéndoles partícipes de nuestro gozo.

            De la misma manera que sentimos alegría por el buen testimonio de un hijo, el mal comportamiento de alguno de ellos nos causa una angustia indescriptible…

            Recordemos que nuestro Dios nos ama como a hijos.  ¡Cuánta alegría y fiesta hay en el cielo por un pecador que se arrepiente!  Pero qué dolor sentirá nuestro Padre celestial cuando nuestras malas obras nos apartan de Él.

            Esforcémonos siempre con una conducta cristiana que testifique que somos hijos de Dios;  que nuestra vida sea motivo de gozo en el cielo y sintamos sobre nosotros la dulce mirada de aprobación de nuestro Padre celestial. Y que podamos repetir con confianza, como nuestro Salvador:  “No me ha dejado solo el Padre, porque yo lo que a El agrada hago siempre”.

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De Nuestro Anecdotario…

12. julio 2009

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cesta-de-panDurante un tiempo de mucha hambre en Francia, cierto hombre rico invitó a veinte niños pobres del pueblo a su casa, y les dijo:  “En este cesto hay un pan para cada uno; venid cada día y habrá lo mismo hasta que Dios nos depare mejores tiempos”.  Los niños se lanzaron sobre la cesta luchando para atrapar cada uno la rebanada mayor.  Una modesta niñita llamada Francisca, se mantuvo aparte contentándose con el pan más pequeño que quedó.

         El día siguiente ocurrió la misma escena, y la niña quedó con un pan que era tan sólo la mitad de los otros.  Pero cuando llegó a su casa, al cortarlo encontraron algunas brillantes monedas de plata.  La madre, alarmada, dijo:  “Devuelve el dinero, pues sin duda ha caído en la masa de harina por casualidad”. 

Así lo hizo la niña, pero el caballero le dijo:  “No, no fue casualidad.  Yo ordené meter las monedas en el pan más pequeño para recompensar tu modesta conducta”.  Y añadió:  “Hijita mía, la persona que prefiere contentarse con el pan más pequeño antes que pelear por el mayor, recibirá siempre bendiciones de Dios más valiosas que las pocas monedas encerradas en tu pan”.

Queridos amigos, me gustaría que comentaran con nosotros qué piensan de la actitud de esta pequeña.  ¿Se han visto en una situación semejante?  ¿Han tenido alguna vez que hacer una larga fila para conseguir un plato de comida?  ¿Se han desesperado?  ¿Han tratado de ser los primeros?  ¿Cómo ha sido tu actitud?  No tengas temor de comentar y contarnos… estamos entre amigos.   

 

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De Nuestro Anecdotario…

10. julio 2009

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superacion

Cuando mi hijo Dennis estaba en cuarto grado, la maestra le regaló una bolsita con un palillo de dientes, una liga, una curita, un lápiz, una goma de borrar, un chicle, un besito de chocolate y una bolsita de té.  Tenía también una nota que decía:

            -El palillo de dientes es para que recuerdes que debes extraer de la vida de los otros lo bueno.

            -La liga es para que recuerdes que debes ser flexible.  Las cosas no siempre saldrán como tú quisieras, pero aun así pueden salir bien.

            -La curita es para que recuerdes que debes tratar de sanar heridas, las tuyas propias o las de los otros.

            -El lápiz, para que recuerdes hacer una lista de las bendiciones de cada día.

            -La goma de borrar, para que recuerdes que todos cometemos errores alguna vez, pero que pueden borrarse con arrepentimiento y con buenas acciones.

            -El chicle para que recuerdes que cuando te pegas a algo con tenacidad, puedes lograrlo.

-El besito, para que recuerdes que todos necesitamos besos y abrazos todos los días.

            -La bolsita de té para que recuerdes que debes relajarte diariamente y reflexionar en las cosas positivas de tu vida.

            Cuando vemos algo así pensamos que son pequeñeces.  Qué son cosas para niños, pero la realidad es que de esas pequeñeces se forma la perfección.  Yo creo que él comprende mejor ahora estas cosas, -y quizás las necesita más- que cuando se las dieron.

            Recordemos la sabia recomendación: “Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. Adueñémonos de ese espíritu de superación que nos dará la victoria.

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De Nuestro Anecdotario…

25. junio 2009

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el-valor-del-tiempo

Un obrero en Inglaterra estuvo colgado del minutero de un reloj de torre durante cinco minutos de febril angustia.  Estaba reparando el reloj de un hospital cuando una corriente de aire derribó el andamio de madera en que estaba parado.  El obrero apenas tuvo tiempo para asirse del minutero.  Estaba a una altura de veinte metros del suelo.

 

La manecilla del reloj de un metro de largo, fue bastante fuerte para sostenerlo, mientras él gritaba pidiendo auxilio.  Sus compañeros corrieron con una escalera y lograron salvarlo.

 

Amigos, hay que asirse del tiempo y no dejarlo pasar. La vida es muy frágil y muy bien pudiera ser este tu último día o el de algún ser querido, de alguno que está a tu lado, tu amigo, tu compañero de trabajo… 

 

No esperes hasta mañana para demostrarle tu cariño, tu comprensión…  No pierdas esos valiosos momentos que te quedan, en querellas o fruslerías.   ¿Por qué lamentar después que el otro se haya ido?   Debe ser horrible el dolor del remordimiento.  Atrévete a ser amable, ¡empieza hoy!

 

Hay personas solas o enfermas para quienes una llamada puede ser una afirmación a la vida.  Unas palabras de aliento pueden renovar la esperanza en la lucha diaria.  Sazona día a día tu existencia y la de los otros con esos pequeños detalles, aunque en las relaciones no hay cosas pequeñas, únicamente existen las que se hicieron y las que se quedaron en buenas intenciones… 

 

Esta hermosa canción me ha llevado a la reflexión.  No quiero sentirme agobiada en el silencio de la noche por haber borrado la sonrisa de algún rostro.  Únete a mí en este propósito hoy.   Haremos la vida de los nuestros más agradable y sentiremos una satisfacción inmensa.

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DE NUESTRO ANECDOTARIO…

8. junio 2009

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el-milagro-de-la-vidaGracias por el Milagro de la Vida

         Mi padre, a los 82 años de edad, se sometió a una operación quirúrgica tan seria que yo estaba segura de que no sobreviviría. Pero sí sobrevivió.  Dios hizo una vez más el milagro… En uno de los momentos que pasamos con él algunos de sus hijos, cuando lo estaban preparando para llevarlo a la sala de operaciones, nos dijo:  “Hijos oren, oren mucho para que Dios me conceda vivir un tiempito más ¡para contemplar las maravillas del Creador!”  Dijo eso, con el énfasis que ponía siempre en todo lo que decía.

         En aquel momento, allí sobre un lecho, cubierto sólo por una sábana, con un corazón que ya casi no le trabajaba y tan ancianito… yo sentí una gran admiración por él.  ¡Cómo amaba la vida!  Y cómo apreciaba las maravillas del Creador.  Y de mi corazón surgió esta petición:  “Señor, concédeme vivir como él, una vida tan entusiasta, fructífera, útil y llena de amor, que diga a gritos:  “¡Gracias por el milagro de la vida y de la Creación!”

         Esta poesía de Amado Nervo dice de una manera exquisita, lo que siempre sintió mi padre.

 

ÉXTASIS

Cada rosa gentil ayer nacida,
cada aurora que apunta entre sonrojos,
dejan mi alma en el éxtasis sumida…
¡Nunca se cansan de mirar mis ojos
el perpetuo milagro de la vida!

Años ha que contemplo las estrellas
en las diáfanas noches españolas
y las encuentro cada vez más bellas.
Años ha que en el mar, conmigo a solas,
de las olas escucho las querellas,
¡y aun me pasma el prodigio de las olas!

Cada vez hallo la Naturaleza
más sobrenatural, más pura y santa,
Para mí, en rededor, todo es belleza;
y con la misma plenitud me encanta
la boca de la madre cuando reza
que la boca del niño cuando canta.

Quiero ser inmortal, con sed intensa,
porque es maravilloso el panorama
con que nos brinda la creación inmensa;
porque cada lucero me reclama,
diciéndome, al brillar: “Aquí se piensa,
también aquí se lucha, aquí se ama”.

                                                -Amado Nervo 

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De Nuestro Anecdotario…

28. mayo 2009

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en-los-altosEn los Altos

         El Doctor Rally era médico de una comunidad muy pobre.  Tenía su oficina en los altos de una farmacia, y puso un rótulo que decía:  “El Doctor Rally está en los altos”.  Vivía en la máxima pobreza, pero estaba siempre alegre y trabajaba mucho.  Cada vez que daba una factura escribía al final:  “Ya está pagado”.

         Cuando murió, sus agradecidos amigos quisieron comprarle una lápida con una bonita inscripción, pero ni siquiera entre todos pudieron reunir el dinero, entonces cogieron el rótulo:  “El Doctor Rally está en los altos”.

         Esa fue la mejor de las lápidas, porque una vida que se da en bien de sus semejantes, es una vida que se eleva hasta el mismo cielo.  No hay cosa que nos eleve más hacia Dios y que dé más sentido a nuestra vida, que el amor hacia nuestros semejantes.  Es uno de los dos grandes mandamientos y el sumario de la ley.

         Tomemos este ejemplo para dejar a un lado el egoísmo y ayudar a los necesitados, socorrer a los pobres, visitar a los enfermos, consolar, soportar, perdonar y sentir el dolor ajeno… Eso es amor y eso es “estar en los altos.”

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