El laberinto de las coincidencias

15. junio 2011

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-por Vicente Carballo

Hace unos días llegó a mi casa un amigo que tiene ínfulas de filósofo, y tuve la mala fortuna de que hiciera su aparición, cuando me disponía a cumplir con uno de los reglamentos del Manual del Vagabundo, que establece que para mantener en vigencia la membresía de la orden, es menester comer sardinas al menos tres veces a la semana. Y sépase que esto es un asunto de conciencia, pues no existe forma de hacer cumplir esta ordenanza por parte de la confraternidad.

Les contaba que llega este individuo cuando tengo el recipiente ovalado sobre la mesa y corto una cebolla en ruedas –único aderezo permitido por la orden-; estoy a punto de vaciar el contenido en la sartén, cuando el visitante me interrumpe con premura, como si advirtiera que estoy a punto de cometer un sacrilegio.

-¡Espera!… ¡Espera! –me dice. Me ordena casi a tomar asiento. Obedezco presa de la curiosidad, pues no logro imaginar qué es esto tan importante que quiere decirme. Entonces, adoptando un aire reflexivo, comienza con una pregunta:

-¿Te has imaginado que el acto que vas a consumar está precedido por una casi infinita multitud de coincidencias inextricables?

Quedo como en suspenso, esperando que simplifique el concepto. Él prosigue con estudiada parsimonia:

-Sí, así es en efecto. Esos pescaditos apretujados en el recipiente metálico, nadaban a su albedrío en la amplitud del océano. De hecho, es casi inverosímil ver cómo se mueven los cardúmenes, con una pasmosa simultaneidad, sin que podamos advertir cómo se dirigen estas fantásticas coreografías. He oído decir que estos desplazamientos crean un efecto hipnótico que desorienta a sus perseguidores. Me es difícil creerlo por resultar demasiado sofisticado. Pero bueno, el hecho es que dentro de aquella incalculable multitud, estas que estabas a punto de devorar, se movían con absoluta libertad; podían haber tomado un rumbo u otro sin que nadie se los impidiera, pero ese día, coincidentemente, entre otras cientos de miles, se hallaban dentro de los parámetros del chinchorro del navío. Ahí da comienzo una larga sucesión de hechos que se sumarán a la increíble cadena de acontecimientos, que hacen posible que hoy estén sobre tu mesa. Una vez atrapadas tus veintidós sardinas, irán a parar a la bodega del barco a engrosar el cargamento de quizás millones de sus congéneres. Llevadas a la planta procesadora donde se integrarán a la pesca total de algunos días, cuyas proporciones son inimaginables.

En este instante, el aprendiz de filósofo toma el recipiente con cuidado para no untar las yemas de sus dedos de la sustancia entomatada, y después de leer la procedencia del producto, el cual resulta venir de Noruega, continúa su disertación y observa que todo este fenómeno ocurre en el extremo opuesto del planeta. Hecha esta salvedad, prosigue:

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La Apariencia Sí Importa

4. junio 2009

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reloj-de-iglesiaSi eres de los que no se cuidan de lo que puedan aparentar ser, y hablan de esta manera:  “A mí no me importa lo que la gente piense de mí,  Dios sabe que no tengo mala intención”.  Quizás tengas razón hasta cierto punto, porque Dios conoce el corazón del hombre y hay quienes tienen “apariencia de piedad, pero han negado la eficacia de ella”.   Nada haces con tratar de aparentar delante de Él, porque a Dios no lo puedes engañar.  Pero debes recordar que siempre hay alguien que va a buscar en ti un modelo de conducta  (puede ser tu hijo, tu esposo, el que trabaja contigo, o cualquier otra persona que quizás ni imaginas) Entonces la equivocación de ése podría ser tú responsabilidad.

Hubo alguien que lo explicó así:   “A la vista de la ventana de mi oficina, está la torre de una iglesia.  En uno de los lados del reloj, una de las manecillas está rota haciendo que el reloj dé horas inciertas.  Hay personas que no lo saben y son guiadas por él erróneamente.  De corazón, el viejo reloj está bien.  Pero eso no quita la seriedad del hecho que muchas personas han llegado tarde a sus compromisos y han perdido sus trenes porque la cara del reloj no es índice que cuenta todo lo que cubre”.

Y Jesucristo, en el sermón más extraordinario que jamás se haya predicado, dijo:  “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras obras buenas y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.  Eso es lo grande, lo que de verdad debe importarnos.  Que los hombres glorifiquen a Dios por nuestra buena conducta, y que podamos guiarlos a tiempo hasta el puerto eterno.

 

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Transformando Las Quejas En Acciones de Gracias

5. mayo 2009

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“Hoy estuve a punto de lanzar una queja ¡…hallé razones tantas!”  Así comienza una poesía que me gusta mucho.  Y fue eso lo que me sucedió un día de éstos.  Me levanté con deseos de quejarme y así continuó mi día hasta que llegué a sentir tremenda lástima de mí…  En eso fui al supermercado y vi a una madre que luchaba con su hijito que parecía ser autista.  Lo hacía con optimismo y gracia y a pesar de todo se veía feliz.  Entonces desperté de aquella desazón, sacudí el pesimismo y comencé a tratar de transformar las quejas en acciones de gracias.

           Cuántas veces nos olvidamos de apreciar todo lo bueno que tenemos, como hijos sanos y alegres que riegan la casa y hacen ruido… Pero cuánto daría esa madre por tener sus días llenos de esos pequeños desafíos. Ella tendrá que vivir cosas que sí requieren paciencia, como buscar tratamientos o terapias y esperar por horas para que su hijo sea atendido. Además de otras cosas muy duras de sobrellevar.

Estuve escuchando un reportaje de unos jóvenes enfermos de cáncer.  Una muchacha joven habló de esta manera:  “Yo era exigente con la vida y nunca estaba conforme con lo que tenía.  Mis ambiciones eran muchas y grandes.  Pero ahora he aprendido a apreciar cada cosa y cada día… cada vez que me acuesto oro de esta manera:  “Señor, gracias por este día que pasó, sólo pido una cosa: un día más”.

Es verdad que todos tenemos conflictos y no todo resulta fácil.  Pero es importante que no nos olvidemos de apreciar todo lo bueno que tenemos, dando gracias a Dios por poder levantarnos cada mañana y vivir un día más. Y si por la gracia de Dios logramos, ese día que Dios nos ha concedido, hacer feliz a alguien o consolar un alma, sintámonos dichosos.

Hoy, no lances tu queja, no busques razones…  Eleva una oración de acción de gracias cualquiera que sea tu situación.  Vive el día de hoy, aprécialo como un regalo de Dios.  Respira profundo, alégrate por los retos que se te presentan en la vida y véncelos con valor y alegría.  Lánzate a la conquista de la vida aprendiendo a amarla. 

          Me gusta este consejo:  “Acepta pues, transportado de gozo, cada rayito de sol, cada copo de nieve, cada florecilla del campo, cada rostro sonriente y cada persona que te ama como un regalo maravilloso que Dios te concede”.    Que tu lema sea: transformar las quejas en acciones de gracias y hacer de la alegría el gran privilegio de tu vida.

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Dones de Dios

19. abril 2009

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Hubo un célebre cirujano alemán, que poseía el don de coser las heridas con puntadas extremadamente pequeñas.  De todas partes de su país y de muchos otros, venían pacientes para dejarse operar por sus hábiles manos.  Un inglés que vino hasta él para someterse a una difícil operación, le besó las manos y le dijo:

          -Le agradezco a usted y a sus maravillosamente talentosas manos.

          El doctor retiró sus manos y le dijo modestamente:

          -No me agradezca a mí ni a mis manos, sino al grandioso Creador que me otorgó ese don.

          Todos hemos recibido algún don de parte de Dios, ya sea capacidad intelectual, gracia espiritual, o aun los bienes materiales.  Son bienes que nos han sido prestados y por los cuales Dios nos pedirá cuenta.

          No presumamos de lo que nos ha sido regalado, seamos tan sólo fieles administradores recordando las palabras del apóstol Pablo: “¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no hubieses recibido?” (1Cor.4:7)

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La Contaminación Más Peligrosa

15. marzo 2009

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Hace Muchos años que se viene hablando de la contaminación del ambiente.  Los científicos opinan que es uno de los problemas más serios que afectan a nuestro mundo, pues a medida que aumenta el poder del hombre sobre la naturaleza, el ambiente que lo rodea se deteriora cada vez más.  Se dice que el planeta ha cambiado la estructura natural de su atmósfera en estos últimos años, más que en todo el tiempo que tiene de existencia.  Así es que uno de los retos más importantes a los que se enfrenta la humanidad, -según ellos- es la conservación del ambiente.

Actualmente hay entidades que se dedican a informarnos acerca de cómo cuidar el ambiente y llegan a hacer grandes sacrificios negándose a vivir una vida más cómoda y fácil, para cuidar este planeta en que vivimos.

Pero los cristianos sabemos que el hombre, por más que intente cuidar del planeta, no podrá aplazar el cumplimiento de la profecía, y que un día todo esto perecerá.  La preocupación nuestra debe ser por la de una contaminación aun más temible, a la que la mayoría no le presta atención y es la contaminación de la mente y el espíritu.  La contaminación del ambiente nos podría llevar a la muerte física.  Pero la otra, nos llevaría a la muerte espiritual, y eso tendría consecuencias eternas.

¡Qué horror nos causa pensar que alguien pueda manosear el cuerpo de nuestros hijos!  ¿Y qué de sus mentes?  Están expuestas a diario al más terrible contagio moral de todos los tiempos, y lo más preocupante es que no tienen que salir fuera de sus hogares para contaminarse.

Conociendo la situación del mundo actual, en donde a lo malo se llama bueno y natural, creo que el reto más difícil al que nos enfrentamos es conservar nuestra mente libre de corrupción.    ¿Cómo librarnos de la contaminación moral?  Desde hace miles y miles de años el Salmista encontró una fórmula, que aún hoy no ha perdido actualidad. “Crea en mí, ¡oh Dios!, un corazón limpio”. 

Una de las cosas más importantes que debemos hacer es proteger nuestra mente para nuestro propio bien, el de nuestra familia y todo nuestro entorno.  Limpiemos la atmósfera que nos rodea hablando de lo bueno: “Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación…”  No deshonremos a Dios mirando cosas que contaminen nuestro hogar, “Aparta mis ojos, que no vean la vanidad”.

Una defensa poderosa para mantenernos libres de contaminación es la lectura de la Palabra de Dios. “Las cuales –decía Pablo a Timoteo- te pueden hacer sabio para la salud por la fe que es en Cristo Jesús”.

Y el mismo Apóstol nos da la clave para mantener la mente limpia, libre de contaminación: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre.  Si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad”.

 

 

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EL AMOR VERDADERO

31. enero 2009

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Como único podemos comprender a fondo el verdadero significado del amor es experimentando el amor de Dios.  Porque si podemos amar a Dios a quien no hemos visto, entonces sin lugar a dudas podremos amar a nuestro prójimo.

El amor verdadero nace y crece de lo más profundo del alma y de sus facultades espirituales.  Porque el “amor” que es deseo y  que se basa en las impresiones de los sentidos se cansa, se hastía y necesita cambiar de objetivos.  Por eso vemos tantas parejas que después de llevar varios años de relaciones “amorosas”, deciden separarse porque no están seguras de amarse todavía.

¿Habrá algo más denigrante que “el amor físico”?  Te amo porque eres delgada, tienes buen cutis, buen cabello…. te ves bien…   ¿Y después?  Cuando todo eso se acaba, desaparece el “amor”.

Una de las cosas que con más ahínco busca el hombre toda su vida es el amor.  Si todos supieran que donde único pueden encontrarlo, no sólo para recibirlo, sino para darlo, es en Dios, correrían hacia El.

¿Qué pueden saber de amor los que viven de la apariencia?  El amor, como la oración, hay que vivirlos en las mil insignificancias y simplezas del vivir doméstico.  No es un decirlo, ni pensarlo siquiera, sino ¡vivirlo!

Dios nos enseñe a amar de la manera que El ordenó al hombre que le amara:  “Con todo su corazón, con toda su alma, con todas sus fuerzas y con todo su entendimiento…”

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LA ORACION

19. enero 2009

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Si la gente conociera los beneficios de la oración, sin lugar a dudas hablarían con Dios más a menudo. Sólo que orar no es tan fácil porque es un ejercicio espiritual que nos lleva a la presencia de Dios.  La obra de Satanás es impedir que nos comuniquemos con nuestro Padre celestial.  De ahí que nos resulta tan difícil el hacerlo.

Sufrimos y nos preocupamos hasta que la situación toma dimensiones gigantescas, entonces decidimos que tenemos que orar, porque somos naturalmente llevados a la oración en tiempos de dificultades.  Como las aves buscan abrigo en los árboles, así el cristiano cuando está en angustias busca refugio en la oración.  La oración es un puerto de refugio, por eso, cuando la tormenta llega es inteligente navegar a ese puerto a toda vela.

¿Qué hace falta para poder orar?  Necesidad y confianza.  Cuando Pedro sintió que se hundía sólo dijo: ¡Señor sálvame!  Y fue suficiente.  Que sintamos la necesidad de clamar por ayuda y que lo hagamos con fe.  Inmediatamente que clamemos por ayuda la mano del Salvador se extenderá para socorrernos. 

Si estamos en aguas de aflicción, elevemos nuestras almas al Salvador y descansemos seguros de que el responderá.  Cuando nosotros no podemos por nuestros propios medios resolver la situación El sí puede, dejemos que Su poder obre en nosotros y todo estará bien.

Si tienes un testimonio de una oración contestada, compártelo con nosotros. Si tienes alguna petición para presentar a Dios y quieres que nos unamos a ti, déjanoslo saber y con gusto oraremos contigo.  Si no sabes cómo orar lee la oración que Jesucristo enseñó a sus discípulos que se encuentra en San Lucas el capítulo 11.

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