La Higuera

9. noviembre 2009

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higuera

Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.
En mi quinta hay cien árboles bellos,
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.
En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.
Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se viste…
Por eso,
cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:

«Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto».
Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!
Y tal vez, a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:
¡Hoy a mí me dijeron hermosa!

 

-Poema de Juana de Ibarburou

¬ Publicado por LF en El Rincón de los Libros, Poesías

ARMONIA

14. enero 2009

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 -Amado Nervo

 

 

 

 

 

Así como nos muestra sólo una faz la luna,

De la propia manera no vemos más que una

sola faz de las cosas, como pensó el poeta.

La otra está en la sombra… Y por ser incompleta

la visión, ve asperezas en donde hay armonía,

y noche en el nublado que disimula el día.

 

San Agustín nos dijo que el mundo es un dechado

visto al revés: encima Dios borda; al otro lado,

multicolores hebras con su red caprichosa

despistan nuestros juicios…  ¡Oh labor misteriosa

del bordador divino: ya todos te veremos,

cuando en nuestra ascensión milenaria lleguemos

al vértice del ángulo final, de cuyo punto

se abarca la sublime plenitud del conjunto!

 

Entretanto, poeta, no murmures.  Tu verso

sea uncioso, cual salmo de amor al universo.

Quien trazó el plan del Cosmos, no puede a la razón

naciente de los hombres dar una explicación

que convenza:  su lógica no es la tuya de hormiga.

 

No juzgues, pues: adórale y deja que prosiga

sus intentos arcanos, su labor portentosa.

Que rice en espirales de luz la nebulosa.

Que prenda sus translúcidas caudas a los cometas.

Que plasme entre sus manos de titán los planetas.

Que encienda las divinas antorchas estelares.

Que empine las montañas y que ahonde los mares…

 

 

 

 

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TEOLOGIA INFANTIL

7. noviembre 2008

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 TEOLOGIA INFANTIL

Lector, ¡hasta de teólogo haré alarde! 
Con Juan, con Margarita y con María
Tuve ayer, a las cuatro de la tarde
Una gran discusión de teología.

Nunca estudié esa ciencia ni me viste 
En tratos con los sabios tonsurados
Ni tuve como muchos “noche triste”
Ni conozco los cánones sagrados.

Pero tienen los niños unas cosas
Y hacen tales preguntas a su modo,
Que entre muchas misiones peligrosas
Tiene un papá la de explicarles de todo.

Pregunta existe que en su fondo encierra
Un gran caudal de ciencia comprimida
¿Por qué nacen los hombres en la tierra?
¿Cómo vienen los hombres a la vida?

¿Quién ha clavado el Sol en el espacio?
¿Quién construyó tan alta una montaña?
¿Por qué enferma el que vive en un palacio
Y está sano el que habita la cabaña?

Y otras cuestiones con diversos temas
Sacados de dos mil filosofías
Que llaman en las cátedras problemas
Y en el hogar se llaman niñerías.

La primera razón en ciencias y artes
La inquiere el niño en la materna falda.
¿Dónde está Dios? –pregunta- En todas partes
(tal dice el catecismo de Ripalda).

Pero esto que al principio satisface
Por ser la solución fácil y nueva,
Después no le conforma y no le place,
Busca el último análisis, la prueba.

Ayer, hablando en el idioma llano
Que en nada amengua el paternal respeto
Después de que Margot tocó en el piano
Un fácil pot-pourri de Rigoleto,

Se vino a mí con intención pensada
Y así como entre veras y entre chiste,
Me dijo, en mis rodillas apoyada:
Tú me vas a probar que Dios existe.

Ante cuestión tan ardua, lo confieso,
Me sentí confundido, anonadado
Y por ganar el tiempo, le di un beso,
Crucé la pierna y me quedé callado.

Margot me contemplaba con fijeza
Y sin chistar, pendiente de mis labios,
Creyendo al ver desnuda mi cabeza
Que cuantos calvos hay, todos son sabios.

Oyeron sus hermanos la pregunta
Y dejando muñecas y tambores
Sentados gravemente, como en junta
A discutir se sientan los doctores.

Me clavaron cual dardos sus miradas
Y con gran confusión, perdido el tino,
Diserté con razones no pensadas
Sobre la Summa de Tomás de Aquino.

¿La razón natural? No era argumento,
¿Intuición? ¡Qué misterio tan profundo;
Era preciso hallar en el momento
Lo que entiende y acepta todo el mundo!

-Mira, dije a Margot, tienes delante
Los papeles que Juan llenó de trazos,
Con ellos voy a hacer en un instante 
Más de dos centenares de pedazos.

Llévalos y con ellos en tu alcoba
Formas una montaña de manera
Que no pueda ni el viento ni la escoba
Cambiar su forma ni sacarlos fuera.

Con gran seguridad, el caso es grave,
Tapas puertas, rendijas y ventanas
Y sin prestar ni a tu papá la llave
Dejamos que transcurran dos semanas.

El término se vence, llega el día
En que abrimos la puerta con anhelo 
Y encontramos tú y yo, Juan y María,
Regados los papeles en el suelo.

¿Quién podrás figurarte que habrá sido?
Dije aquí terminando mis razones
Y los tres declarándome vencido
Exclamaron en coro: -¡Los ratones!

-Los ratones, muy bien, pero si hallamos
Que con esos pedazos que pusiste
Se ha formado en la alfombra que pisamos
Un letrero que dice: “Dios existe”.

¿Diréis que los ratones lo pusieron?
¿Diréis que el viento lo escribió a su paso?
Diréis que los papeles se movieron
O que el letrero lo formó el acaso?

Y me responde Juan, que es el más tuno,
Con infantil serenidad que arroba:
-Ese letrero nos lo puso alguno
Que sabiendo escribir entró en la alcoba.

-Ya, sólo alguno que escribir supiera
Y que pudiese entrar, muy bien lo has dicho;
Nada pudiera ser de otra manera
Ni las cosas se forman al capricho.

Pues todo en negra alcoba imaginaos
Que estuvo en el desorden más profundo,
Y en esa alcoba oscura que fue el caos
Pusieron un letrero que fue el mundo.

¿Quién entró allí dejándonos por huellas
fértiles tierras, montes seculares,
brillando en el espacio las estrellas,
Rugiendo siempre los profundos mares?

¿Quién encendió allí el sol? ¿Quién hizo al hombre?
¿Quién le dio voluntad y pensamiento?
¡Pues ese es Dios! Se encierra en este nombre
Cuanto ignoran la ciencia y el talento.

No sé cómo será, nadie lo sabe,
Está del hombre en la conciencia escrito,
Y no hay astro ni flor que no le alabe
Con su luz o su aroma en lo infinito.

No hay obra sin autor, y el que ha creado
Cuanto de forma y de color reviste,
Ese se llama Dios y está velado
A los ojos del hombre, ¡pero existe!

-Juan de Dios Peza

 

¬ Publicado por LF en El Rincón de los Libros, Poesías