Dones de Dios

19. abril 2009

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Hubo un célebre cirujano alemán, que poseía el don de coser las heridas con puntadas extremadamente pequeñas.  De todas partes de su país y de muchos otros, venían pacientes para dejarse operar por sus hábiles manos.  Un inglés que vino hasta él para someterse a una difícil operación, le besó las manos y le dijo:

          -Le agradezco a usted y a sus maravillosamente talentosas manos.

          El doctor retiró sus manos y le dijo modestamente:

          -No me agradezca a mí ni a mis manos, sino al grandioso Creador que me otorgó ese don.

          Todos hemos recibido algún don de parte de Dios, ya sea capacidad intelectual, gracia espiritual, o aun los bienes materiales.  Son bienes que nos han sido prestados y por los cuales Dios nos pedirá cuenta.

          No presumamos de lo que nos ha sido regalado, seamos tan sólo fieles administradores recordando las palabras del apóstol Pablo: “¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no hubieses recibido?” (1Cor.4:7)

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De Nuestro Anecdotario…

18. abril 2009

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Las pruebas

            A un herrero, después de muchos años de andar por los caminos de Dios en este mundo, alguien se le acercó y le hizo esta pregunta:

            -¿Por qué tiene usted tantas pruebas?  Le he venido observando.  Desde que usted se hizo miembro de la iglesia y comenzó a andar rectamente ha tenido pruebas dobles y más accidentes que antes.  Yo creía que cuando un hombre rinde su vida a Dios se acaban sus pruebas.  ¿No es esto lo que dice su pastor?

Con un rostro pensativo y alegre, el herrero contestó:

            -¿Ve usted este pedazo de acero?  Necesito hacer unos muelles.  Pero antes, el acero debe ser templado.  Para esto, lo pongo al rojo en la fragua y después lo enfrío en el agua.  Le doy el temple, lo caliento otra vez, lo golpeo sobre el yunque, lo doblo, lo amoldo hasta que consigo lo que quiero.  Muchas veces encuentro el acero demasiado quebradizo y no lo puedo usar.  En ese caso, lo tiro al desperdicio.  Aquellos pedazos ya no me sirven para nada.

            Hizo una pausa para que su interlocutor confirmara el hecho.  En seguida continuó el herrero:

            -Dios nos salva y tenemos el gozo de Cristo en nuestro corazón.  Pero El nos necesita para Su servicio lo mismo que yo necesito este pedazo de acero.  El nos da el temple que necesitamos por medio de las pruebas y las dificultades.  Es por eso que en mi oración le digo: 

            -Señor, pruébame en cualquier forma que quieras, pero no me arrojes al desperdicio.

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“Conforme A La Fe Murieron…” (Hebreos 11:13)

18. abril 2009

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En estos últimos meses hemos sufrido la pérdida de algunos hermanos muy queridos.  Y es verdad que duele saber que no los vamos a ver más aquí entre nosotros.  Pero qué satisfacción sentimos cuando entendemos que murieron en la fe gloriosa de los hijos de Dios.

Cuando el apóstol Pablo menciona por sus nombres, en el capítulo 11 de Hebreos, a los héroes de la fe, coloca sobre ellos el epitafio más hermoso que se haya escrito:

“Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, y creyéndolas y saludándolas y confesando que eran peregrinos y advenedizos sobre la tierra”.

            A veces nos preguntamos por qué los santos tienen que sufrir tan duras enfermedades para morir.  Pero la realidad es que no importa la forma cómo muere un hijo de Dios.  Si es ya un anciano, o si de manera violenta y cruel como murieron los santos del tiempo bíblico.  O si de una larga y penosa enfermedad…  Lo que importa, lo que es digno de recordar y lo que nos consuela es que murieron “Conforme a la Fe”.

            Vivieron por fe, la fe era su consuelo.  Se dejaban guiar por la fe.  Se sentían motivados por la fe y se apoyaban en la fe.  Y con esa gracia espiritual murieron.  Nunca se apoyaron en la carne o en sus propios logros, sino en la gloriosa fe, conociendo que es tan precioso morir como vivir por ella.

            Por la fe creyeron las promesas y estaban seguros de que sus pecados habían sido perdonados, que habían sido aceptados por Dios.  Disfrutaron de Su amor, descansaron en Su fidelidad.  Pusieron la mirada en el futuro con fe, afirmando que la venida del Salvador estaba cerca, seguros de que se levantarían de sus tumbas para verlo en el esplendor de su segundo advenimiento.

            Querido amigo, si hoy sufres una prueba de fe, recuerda que ese camino angustioso no es exclusivo de estos tiempos del fin, sino que fue transitado por hombres santos a quienes se les dio el calificativo de héroes de la fe.  Hombres y mujeres que se sentían dichosos de que el Señor los considerara dignos de sufrir los padecimientos del Autor y Consumador de la fe, Jesucristo, para juntamente con El ser levantados a una vida eterna y feliz.  Pidamos siempre en nuestras oraciones que Dios nos conceda morir Conforme a la Fe.

 

 

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¿Puedes Alzar tu Vista a Dios?

16. abril 2009

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Cuenta una anécdota que un individuo tenía intención de robar frutos en una huerta.  Había llevado con él a su hijita, la instaló sobre el muro y le recomendó que le advirtiera si venía alguien.  Después de un rato, levantando la cabeza él le preguntó:

            -Juanita, ¿no viene nadie?

            -¡Nadie, papá!

            -¿Miraste bien a ambos lados de la ruta?

            -¡Sí, papá

            -¿Y detrás de ti, en el campo?

            -Sí, pero…

            -¿Pero qué?

            -Hay un lugar al que no me atrevo a mirar.

            -¿Dónde?  ¡Te he dicho que miraras a todas partes!

            -Allá arriba, al cielo, papá; allí ¿no nos ve Dios?

El hombre quedó tan sorprendido que se detuvo, bajó a la niña del muro y regresó a su casa.

            A Dios no le podemos ocultar nada.  No importa todo lo que podamos ocultar a las miradas de los demás, nuestro Dios lo sabe todo, y cuando tenemos mala conciencia no podemos sostener Su mirada, ni alzar nuestra vista a Él.

            No permitas que algo de este mundo, por más valioso o necesario que te parezca, te impida alzar la vista a Dios. Necesitamos mirarlo para vivir a Su semejanza.  Él es nuestro ideal y contemplándole es como único podremos reflejar Su vida en la nuestra, despojándonos de todo lo que nos conduzca al mal.

            “Mirad a Mí y sed salvos todos los términos de la tierra”  Isaías 45:22

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Lo Que el Cáncer no Puede Hacer

5. abril 2009

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El escritor Constancio C. Vigil dijo con mucha sabiduría:  “La vida está sembrada de dolores y ninguno se libra de cosecharlos.  Las adversidades y las penas existen en todos los estados, en todas las condiciones y en todas las edades.

Los más dichosos del mundo no son los que carecen de aflicciones, sino los que mejor saben aprovecharlas.  Es, pues, de suma importancia poseer esta ciencia, adelantar en este arte.  Nadie vive sin sufrir.  Lo esencial es aprender a sufrir cristianamente.”

Hablé hace unos días con una prima mía, porque oí decir que le habían diagnosticado cáncer.  Pensé que iba a estar preocupada porque ella tiene otras enfermedades también difíciles.  Pero Dios le ha dado una gracia especial para “sufrir cristianamente”, y no sé si llamarle “sufrir”, porque aunque parezca increíble, está llena de gozo. 

Encontré estos versos de un autor anónimo que son muy apropiados y verdaderos.  Se los dedico con mucho amor a Dorcas, mi prima y a todos los que estén pasando por cualquier tipo de enfermedad o situación difícil.  No sólo el cáncer, sino todas las enfermedades y todas las adversidades están limitadas porque no pueden tocar nuestro espíritu si nos mantenemos confiando en Dios.

 

El cáncer está tan limitado…

No puede invalidar el  amor
No puede destruir la esperanza
No puede corroer la fe
No puede destruir la paz
No puede  matar la amistad
No puede  coartar los recuerdos
No puede  acallar el valor
No puede invadir el alma
No puede robar la vida eterna
No puede conquistar el espíritu.

 
Si una enfermedad incurable ha invadido tu vida, no permitas que toque tu espíritu
Tu cuerpo puede ser severamente afligido y puede que tengas una gran lucha. Pero si
sigues confiando en el amor de Dios, tu espíritu seguirá siendo fuerte.

¿Por qué tengo que llevar este dolor? –Puedes preguntarme- 

-No puedo contestarte.  Sólo sé que mi Señor hace todas las cosas bien.
Por eso confío en Él, mi todo en todo. Él te sostendrá a través de todo lo que tengas que atravesar.

 

 

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De Nuestro Anecdotario…

5. abril 2009

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Una rápida respuesta

Un pobre anciano necesitaba unas gafas y no podia comprarlas.  Entonces decidió pedirlas a Dios en oración.

         Yendo cierto día por la calle, al caer la tarde, chocó con un caballero que le dijo muy molesto:

         -¿Es que Usted no ve por donde camina?

         -Apenas, señor… y perdóneme.  Es que necesito unas gafas, pero no puedo comprarlas –contestó el anciano, como hablando consigo mismo.

         El caballero, tomándole por el brazo, le dijo:

         -¿De veras?  Pues ahora mismo acabo de oír la voz de Dios ordenándome que vayamos los dos a comprar unas.

        

 

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De Nuestro Anecdotario…

4. abril 2009

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El susurro más leve …

           Una niñita dijo a su papá:

          -Yo deseo que tú, de mi parte, le digas algo a Dios, algo que ardientemente le deseo decir.  Mi voz es tan débil, que seguramente El no me podrá oír allá en el cielo.  Pero tú tienes una voz tan fuerte, una voz de hombre grande y seguramente a ti te oirá.

          El padre, cariñosamente tomó a la pequeña en sus brazos y con suma ternura le dijo: 

-Aunque Dios estuviese rodeado de todos sus santos ángeles y éstos estuvieran cantando uno de sus más bellos y dulces cantos que jamás se hubiese entonado antes en el cielo.  El les diría…

-¡Silencio!  ¡Silencio!  ¡Allá lejos, en la tierra, hay una niñita que desea susurrar algo en mi oído…!

 

 

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ORA, PARA QUE PUEDAS ORAR MÁS

2. abril 2009

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Cuando estamos un rato con Dios, cuando podemos ver y sentir algo de la gloria que hemos de heredar, siendo ungidos con óleo santo.  Cuando hemos podido probar de la leche y la miel de la tierra prometida… Entonces somos diferentes, nuestra disposición se torna suave y tierna. No hay asperezas. La conversación santa y dulce… Nos sentimos inclinados a perdonar como hemos sido perdonados, y a amar como hemos sido amados… Y no hay nada que pueda hacernos perder el gozo de la salvación.

          Si tú entendieras lo que significa la presencia divina, orarías siempre.  Irías todos los días a hablar con Dios “como dos amigos comprometidos en la misma empresa común de la santificación.  Él es el socio capitalista, que además te asesora, te ayuda y te esclarece las dudas.  Y tú el socio que ejecuta el trabajo con buena voluntad, amor y sacrificio”.

          Ora para que puedas orar más.  Pide que puedas hacerlo de la manera adecuada, no exigiendo que se realicen tus planes.  Sino pidiendo luz y fortaleza para cumplir la santa voluntad de Dios.  Para que seas un instrumento que El pueda usar para ejecutar sus designios y para ponerte incondicionalmente a Su servicio.

          Entonces sentirás que tu vida tiene sentido, no le tendrás miedo a la obra sutil del enemigo de las almas.  Sus ataques no podrán robarte el gozo o amargar tu carácter.  Te sentirás invencible y… ¿qué importa que los demás no lo comprendan?  Tú sabes que estás en dulce armonía con tu Salvador.

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Refugio en la Tormenta

1. abril 2009

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Hay distintos tipos de tormentas. Están las tempestades de la atmósfera, las que traen mucha lluvia con fuertes ráfagas de viento.  Las hay acompañadas de descargas eléctricas y también de nieve y granizo.  Y cuando hablamos de tormentas en el sentido figurado nos referimos a adversidades, ráfagas de dificultades que llegan a veces una tras otra, sin darnos tregua.  Enfermedades, problemas financieros, hijos desobedientes, hombres impíos y deshonestos que tratan de hacernos mal…

         Para resguardarnos de las tormentas del ambiente tratamos de tener una casa resistente, y aun así a veces la tempestad es tan fuerte que destruye hasta los cimientos.  Pero en la adversidad, cuando llegan las borrascas que amenazan con destruir la fe, la paz, la familia o ¡hasta el alma!  ¿Adónde refugiarnos? 

         Cuando nuestra vida está escondida con Cristo en Dios nada nos puede destruir.  Por eso el Salmista dijo:  “¡Dichoso el hombre que confiará en Él!”.  Y en otra ocasión cuando hablaba de sus tremendas luchas contra los que trataban de hacerle daño:  “Si no me ayudara Jehová, presto morará mi alma en el silencio,  pero Él ha sido mi refugio, y mi Dios por Roca de mi confianza”.

         Si entendiéramos que solamente en Dios está nuestra salvación. Y si hiciéramos un hábito de ir a Él cada mañana en oración, antes de enfrentarnos a la lucha del día, estaríamos protegidos y seríamos fuertes para enfrentar cualquier tipo de vendaval que se nos presente. El poeta lo descubrió, e inspirado en esa hermosa experiencia lo expresó así:

         “Me encontré con mi Dios esta mañana,

Cuando el día empezaba a despuntar.

Su presencia fue como un sol naciente,

Y en mi pecho alumbró gloriosa paz.

Todo el día sentí Su compañía

Todo el día a mi lado siempre fue.

Y mi barca cruzó tranquilamente

Entre el oleaje de agitado mar.

Otras barcas sufrieron los estragos

Y muchas casi vimos zozobrar.

Mas, los vientos que a ellas azotaban

A nosotros soplaban calma y paz”.

Esta gracia divina la reciben los que se refugian en el Creador.  “Sigue pues, tranquilo tu navegación, aunque se rompa el mástil.  Dios que es tu guía, no se olvidará de ti”.

 

 

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Hacia el Eterno Hogar

24. marzo 2009

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          Cuando yo era niña le tenía mucho miedo a la muerte, tanto que cualquier conversación referente a ella me causaba verdadera inquietud.  Poco a poco fue desapareciendo aquella angustia y en el transcurso de la enfermedad de mi padre antes de morir, comencé a ver la muerte de una manera completamente diferente.  Yo vi cómo su cuerpo se fue desgastando y fue perdiendo el uso de sus facultades… pero su espíritu ganaba en fortaleza, y su alma estaba –como dijera alguien- “como viajero que ansía ver el hogar a la vuelta del camino”. 

          Así me ha tocado ver de cerca a otros fieles que han partido y he visto ese mismo cambio en ellos.  Un cambio que me hace pensar en el milagro de la metamorfosis.  Vemos el cuerpo muerto del gusano, en tanto que una linda mariposa sale a volar por el espacio radiante de belleza.  Cuando el alma sale de su cuerpo sólo deberíamos ver, no la angustia de la muerte, sino la maravillosa transformación a una vida mejor.

          Me gusta mucho este himno:

          “Anhelo en las regias mansiones morar

          Do reina mi Salvador

          Escucho los ecos de un dulce cantar

          De triunfo y de gran loor

          A mi Supremo Rey

          Alegre cantaré

          Mis ojos han de ver

          La Playa celestial

          Feliz y salvo soy

          Y caminando voy

          Con júbilo a mi eterno hogar”.

Tengo muchos y muy gratos recuerdos de la vida de mi padre.  Una vida fiel saturada de convicción y de fe.  Me dejó el mejor de los legados, la seguridad de encontrarme con él nuevamente en el hogar eterno, en las mansiones que Jesucristo,  nuestro amado Salvador, fue a preparar para los que acepten Su dádiva de gracia.

Sé que nuestra querida Mercedes y sus hermanos han recibido esa misma herencia de su madre que acaba de partir.  El corazón llora, pero la fe nos llena de regocijo.  El gozo del conocimiento alivia el dolor y sólo nos resta permanecer firmes al lado del Señor, guardando Su palabra para que nuestro destino final sea como el de ellos: Hacia El Eterno Hogar.

¬ Publicado por LF en El Rincón de los Libros

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