De Nuestro Anecdotario

13. febrero 2010

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LICCY valentine logo No podré amarte como a ella…

Era un matrimonio de casi 60 años de casados. Él, un anciano de 89 años de edad y con la enfermedad del Alzheimer, que no le permitía muchas veces reconocerla, cosa de la que ella sacaba partido y así conversaba con él haciéndose pasar por otra…

Yo cocinaba mientras escuchaba esta conversación entre ellos, que quedó bien impresa en mi memoria.

-¿Cómo se siente hoy, señor Mondéjar?

-Aquí bastante bien hija, gracias. –Ella le da un besito y él, complacido y risueño le dice:

-Gracias, gracias, tú estás muy linda ¿sabes?

-Tenga cuidado, que lo oye su “negrita” (Así le llamaba él cariñosamente a ella misma, su esposa)

-Oh no, no se preocupe, ella es muy buena…

-Sí pero se pone celosa.

-¡Ja ja ja!

-Dígame Mondéjar, ¿usted no podría quererme a mí?

-¡Cómo no, mi amor! -Y en tono de complicidad- Si quieres nos casamos.

-Bueno, yo me caso con usted solamente si usted me quiere a mí más que a la “negrita”, si no, no me caso. –Entonces, él, en un instante de comprensión, con una emoción intensa que lo hizo llorar, le dijo:

-Oh no, hija tienes toda la razón, ¡no podré amarte como a ella!

“La felicidad suprema de la vida es la convicción de que somos amados”

¿Pesa Mucho Tu Cruz?

20. enero 2010

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para poesia

Me preguntaba mil veces, sin respuesta

Por qué mi cruz doblaba mis espaldas

Hablé con Dios, mirando las estrellas

Y sollozando dije: “¡Es muy pesada!”

 

Dios me hizo ver con toda Su paciencia

Cuánto y por qué equivocado estaba

Y poco a poco empecé a darme cuenta

De que mi cruz tornábase liviana.

 

Vi pasar miseria tan inmensa

Colgada en los harapos de una anciana

Vi a un joven muriendo de tristeza

Por una enfermedad que lo acosaba.

 

Una madre que con toda su entereza

A su hijito, con dolor, sepultaba.

Luego miré mis manos… vivas, bellas,

Sobre ellas una cruz se destacaba.

 

De pronto dijo Dios: “Di cuánto pesa”

Y yo le dije: “Señor… ¡no pesa nada!”

 

Autor desconocido

Resignación

7. enero 2010

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15Fr
Por eso, Dios y Señor,
porque por amor me hieres,
porque con inmenso amor
pruebas con mayor dolor
a las almas que más quieres

Porque sufrir es curar
las llagas del corazón;
porque sé que me has de dar
consuelo y resignación
a medida del pesar;

por tu bondad y tu amor,
porque lo mandas y quieres,
porque es tuyo mi dolor…,
¡bendita sea, Señor,
la mano con que me hieres!

José María Pemán
(1898-1981)
 

ORACION DE AÑO NUEVO

1. enero 2010

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SEÑOR: para este día
de año nuevo te pido
antes que la alegría,
antes que el gozo claro y encendido,
antes que la azucena
y que las rosas,
una curiosidad ancha y serena,
un asombro pueril frente a las cosas… 
Quiero que ante el afán de mi mirada,
enamorada y pura,
todo tenga un misterio de alborada
que me deslumbre a fuerza de blancura. 
Quiero ser el espejo con que el río
convierte en gozo nuevo la ribera:
quiero asombrarme del estío
y enamorarme de la primavera. 
Señor y Padre mío:
dame el frescor de esta pradera llana,
riégame del rocío
de tu mejor mañana. 
Hazme nuevo, Señor,
y ante el cielo, y los campos y la flor,
haz que mi asombro desvelado diga:
Señor… ésta es la rosa, ésta es la espiga…
¡y esto que llevo dentro es el amor!

José María Pemán
(1898-1981)

La Maravilla de la Navidad

24. diciembre 2009

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¡Nació Jesús!  No vino por unos pocos privilegiados.  No vino por los más talentosos o agraciados.  Ni vino sólo para los jóvenes o para los ancianos; para los ricos o los pobres. ¡Vino por toda la raza humana! Vino por los corazones angustiados y trabajados… y también por los de espíritu alegre.  Vino por los pequeños y los grandes; por los temerosos, los intrépidos; por los célebres y también por los olvidados…  Vino por ti y por mí.  Esto fue una idea de Dios, una idea infinitamente sublime a favor de toda la raza humana.  Esa es ¡la maravilla de la Navidad!

Cuando somos capaces de entender este prodigio del amor de Dios, queremos unir nuestras voces al cántico de las huestes celestiales llenando el aire de gozo y alabanza como en aquella bendita noche cuando nació el Salvador.

Glorifiquemos a Dios, al que no escatimó a Su hijo, sino que lo entregó por nuestra redención y pidamos humildemente que la estrella que guió a los ilustres visitantes de tierras lejanas; aquella que iluminó el pesebre, alumbre nuestra senda y nuestro entendimiento hasta el fin de nuestros días.

Que el toque milagroso de la Divina gracia del Niño de Belén nos restaure, llenando el alma de dulce paz y humildad, para que nuestra adoración sea pura y sincera.  Con la pureza y la verdad que hay en el corazón donde Él ha nacido, y sintamos la necesidad de revelar el mensaje de la redención a todos los que encontremos a nuestro paso.  Para que otros puedan comprender que el nacimiento de Cristo fue el amanecer de un nuevo día para la humanidad. ¡Día de esperanza y de amor!

Queridos amigos del Rincón de Amistad, mi petición a Dios es que todos podamos entender ¡la maravilla de la Navidad! Y que nuestro corazón, humillado ante tan gran amor se derrame ante Él en una libación de gratitud y se rinda a la suprema voluntad viviendo para Su gloria.