LA ESCLAVITUD DE LA VOLUNTAD

26. agosto 2014

Página: Anterior 1 2 3 4  Ver Todas   Siguiente

LA ESCLAVITUD DE LA

VOLUNTAD

Martín Lutero (1483-1546)

“Lo que enseñan las Escrituras”

Las Escrituras son como varios ejércitos opuestos a la idea de que el hombre tiene un “libre albedrío” para escoger y recibir salvación. Pero bastará que incluya a dos generales en la batalla: Pablo y Juan, con algunas de sus fuerzas.

ARGUMENTO 1: LA CULPABILIDAD UNIVERSAL DE LA HUMANIDAD PRUEBA QUE ELLIBRE ALBEDRÍO ES FALSO.

Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá. Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. (Rom. 1:17-19)

En Romanos 1:18, Pablo enseña que todos los hombres sin excepción merecen ser castigados por Dios: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad”. Si todos los hombres tienen “libre albedrío” pero todos sin excepción se encuentran bajo la ira de Dios, la conclusión es que el “libre albedrío” los lleva en una sola dirección: “impiedad e injusticia” (o sea: maldad). Entonces, ¿cómo les está ayudando el poder del “libre albedrío” a hacer lo bueno? Si existe el “libre albedrío”, parece que no puede ayudar a los hombres a ser salvos porque los sigue dejando bajo la ira de Dios.

Pero algunos me acusan de no seguir a Pablo tan exactamente como debiera. Afirman que las palabras de Pablo “contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” no significan que todos sin excepción son culpables ante Dios. Argumentan que el texto deja la posibilidad de que algunos no “detienen con injusticia la verdad”, o sea que reprimen la verdad con su maldad. Pero Pablo está usando una forma de palabras hebreas que no deja ninguna duda de que él se está refiriendo a la maldad de todos los hombres.

Además, fíjese lo que Pablo escribió justo antes de eso. En el versículo 16, Pablo declara que el evangelio es “poder de Dios para salvación a todo aquel que cree”. Esto tiene que significar que aparte del poder de Dios en el evangelio, nadie tiene fuerza por sí mismo de volverse a Dios. Pablo sigue diciendo que esto se aplica tanto a los judíos como a los griegos. Los judíos conocían en minucioso detalle las leyes de Dios, pero esto nos los salvaba de la ira de Dios. Los griegos disfrutaban maravillosos beneficios culturales, pero éstos no los acercaban más a Dios. Había judíos y griegos que se esforzaban por justificarse delante de Dios. Pero a pesar de todas sus ventajas y su “libre albedrío”, fracasaban totalmente. Pablo no vacila en condenarlos a todos.

Ahora fíjese que en el versículo 17 Pablo dice que “la justicia de Dios” es revelada. Entonces Dios demuestra su justicia a los hombres. Pero Dios no es imprudente. Si los hombres no necesitaran la ayuda de Dios, no perdería su tiempo dándosela. Cada vez que alguien se convierte, es porque Dios ha venido a ellos y vencido su ignorancia por medio de mostrarles el evangelio. Sin esto, nunca podrían salvarse por sus propios medios. Nadie, en toda la historia de la humanidad, ha razonado por sus propios medios la realidad de la ira de Dios tal como la enseña las Escrituras. A nadie jamás se le había ocurrido la posibilidad de obtener paz con Dios a través de la vida y obra de un Salvador único, el Dios-hombre, Jesucristo. De hecho, los judíos rechazaron a Cristo a pesar de todas las enseñanzas de sus profetas. Parece que la misma entereza que algunos judíos y gentiles lograban les impedía buscar a Dios a la manera de él: porque estaban decididos a hacer las cosas a su manera. ¡Así es que entre más se esfuerza el “libre albedrío”, más empeoran las cosas!

No existe un tercer grupo de personas que se posicione en alguna parte entre creyentes y no creyentes: un grupo capaz de salvarse a sí mismo. Judíos y gentiles constituyen la totalidad de la humanidad, y están bajo la ira de Dios. Nadie cuenta con la habilidad de volverse a Dios. Él tiene que primero mostrarse a ellos. ¡Si fuera posible descubrir la verdad por medio del “libre albedrío”, seguramente un judío en alguna parte lo hubiera hecho! Los razonamientos más elevados de los gentiles y los esfuerzos más poderosos de los mejores judíos no los acercó en lo más mínimo a la fe en Cristo (Rom. 1:21; 2:23, 28-29). Eran pecadores condenados junto con todos los demás. Si todos los hombres tienen un “libre albedrío” y todos los hombres son culpables y condenados, entonces este supuesto “libre albedrío” es impotente para acercarlos a Cristo por la fe. Así que, después de todo, su albedrío no es gratis.

 

ARGUMENTO 2: LA REGLA UNIVERSAL DEL PECADO PRUEBA QUE ELLIBRE ALBEDRÍOES FALSO.

¿Qué pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos. Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. La justicia es por medio de la fe. Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados. (Rom. 3:9-25).

Tenemos que dejar que Pablo explique su propia enseñanza. En Romanos 3:9, dice: “¿Qué, pues? ¿Somos nosotros [los judíos] mejores que ellos [los gentiles]? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado”. No sólo son todos los hombres sin excepción declarados culpables ante Dios, son esclavos del pecado que los hace culpables. Esto incluye a los judíos, que creían que no eran esclavos del pecado porque tenían la Ley de Dios. Dado que ni judíos ni gentiles han podido librarse de esta esclavitud es obvio que no hay ningún poder en el hombre que lo ayude a hacer el bien.

Esta esclavitud universal al pecado incluye a aquellos que parecen ser los mejores y más rectos. No importa cuanta bondad los hombres puedan lograr por naturaleza, esto nos es lo mismo que el conocimiento de Dios. Lo más excelente de los hombres es su razonamiento y su voluntad, pero hay que admitir que esta parte más noble es corrupta. Pablo dice en Romanos 3:10-12: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. El significado de estas palabras es absolutamente claro. Es en la razón y la voluntad que Dios es conocido. Pero nadie por naturaleza conoce a Dios. Por lo tanto, tenemos que llegar a la conclusión de que la voluntad del hombre es corrupta y que el hombre es totalmente incapaz, por sus propios medios, de conocer a Dios o complacerlo.

Quizá algún valiente diga que somos capaces de hacer más de lo que en realidad hacemos. Pero lo que nos ocupa aquí es lo que podemos hacer y no lo que quizá hagamos o no hagamos en la práctica. Los pasajes de las Escrituras citados por Pablo en Romanos 3:1-12 no nos dan lugar para hacer tal diferencia. Dios condena la inhabilidad pecaminosa del hombre al igual que sus acciones corruptas. Si los hombres fueran capaces en lo más mínimo de andar en el camino de Dios, no habría ninguna necesidad de que Dios los salvara. Dejaría que se salvaran a sí mismos. ¡Pero nadie ni siquiera tiene la capacidad de intentarlo!

En Romanos 3:19, Pablo declara que toda boca se debe cerrar porque nadie debe argumentar en oposición al juicio de Dios contra ellos; porque no hay nada en nadie que Dios pueda alabar: ni siquiera una voluntad o un albedrío que es libre para volverse a él. Si alguno dice: “Tengo en mí un poco de habilidad para volverme a Dios”, eso quiere decir que cree que hay algo en él que Dios debe alabar y no condenar. ¡Su boca no está cerrada! Pero este contradice lo que dicen las Escrituras.

Dios ha dicho que toda boca se cierre. No las de ciertos grupos de gentes que son culpables ante Dios. No son sólo los fariseos entre los judíos los que son condenados. Si esto fuera así, los demás judíos hubieran tenido algo de poder propio para obedecer la Ley y evitar ser culpables. Pero aún el mejor de los hombres es condenado por su impiedad. Está espiritualmente muerto igual como lo están los que no tratan de guardar para nada la Ley de Dios. Todos los hombres son impíos y culpables, merecedores de ser castigados por Dios. ¡Estas cosas son tan claras que nadie ni siquiera puede susurrar una palabra contra ellas!

ARGUMENTO 3: ELLIBRE ALBEDRÍONO TIENE LA CAPACIDAD DE GANARSE LA ACEPTACIÓN DE DIOS POR GUARDAR LA LEY MORAL Y CEREMONIAL.

Pablo dice en Romanos 3:20: “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él”. En otras palabras, nadie será declarado justo ante Dios por guardar la Ley. Yo argumento que cuando él dice esto, se refiere a la Ley Moral (los Diez Mandamientos) al igual que la Ley Ceremonial. Se ha extendido la idea de que Pablo se refiere sólo a la Ley Ceremonial: los ritos de sacrificios animales y de adoración en el templo. ¡Es extraordinario que los hombres han llamado santo a Jerónimo1, inventor de esta idea! ¡Yo lo llamaría otra cosa! Jerónimo dijo que la muerte de Cristo puso fin a cualquier posibilidad de ser justificado (declarado justo) por medio de guardar la Ley Ceremonial. Pero dejó totalmente abierta la posibilidad de ser justificado por guardar la Ley Moral por nuestras propias fuerzas, sin la ayuda de Dios.

Mi respuesta es que si Pablo se refería sólo a la Ley Ceremonial, su argumento no tiene sentido. Pablo razona que todos los hombres son impíos y están necesitados de la gracia especial de Dios: el amor, la sabiduría y el poder de Dios por medio de la cual nos salva. El resultado de la idea de Jerónimo sería que la gracia de Dios es necesaria para salvarnos de la Ley Ceremonial pero no de la Ley Moral. ¡Pero no podemos guardar la Ley Moral, sin la gracia! Se puede asustar a la gente para que observe las ceremonias, pero ningún poder humano la puede forzar a guardar la Ley Moral. Pablo está argumentando que no podemos ser justificados ante Dios por tratar de guardar la Ley Moral ni la Ley Ceremonial. Comer, beber y cosas por el estilo, en sí, no nos justifican ni nos condenan.

Iré más allá y diré que Pablo se refiere a toda la ley, y ninguna parte en particular de ella es todavía requerida del hombre. Si la Ley ya no es requerida para los hombres porque Cristo murió, lo único que tenía que hacer Pablo era decirlo y punto. En Gálatas 3:10, Pablo escribió: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas”. En este texto, Pablo afirma el apoyo de Moisés de que la Ley es requerida de todo hombre, y que no obedecer la Ley pone a los hombres bajo la maldición de Dios.

Ni los hombres que tratan de cumplir la Ley ni los que no tratan de cumplirla, son justificados ante Dios, porque todos están espiritualmente muertos. La enseñanza de Pablo es que hay dos clases de personas en el mundo: las que son espirituales y las que no lo son (vea Romanos 3:21 y 28). Esto coincide con la enseñanza de Jesucristo en Juan 3:6: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”. Para quienes no tienen el Espíritu Santo, la Ley es inútil. No importa cuánto se esfuercen por cumplir la Ley, no serán justificados excepto por la fe espiritual.

Finalmente, entonces si existe tal cosa como el “libre albedrío”, tiene que ser la cosa más noble en el hombre, ¡porque sin el Espíritu Santo el “libre albedrío” ayuda al hombre a guardar toda la Ley! Pero Pablo dice que los que son “de las obras de la ley” no son justificados. Esto significa que este “libre albedrío” en su mejor expresión es incapaz de reconciliar a los hombres con Dios. De hecho, en Romanos 3:20 Pablo dice que la Ley es necesaria para mostrarnos qué es el pecado: “por medio de la ley es el conocimiento del pecado”, o sea, tenemos conciencia de lo que realmente es el pecado. Los que son “de las obras de la ley” no pueden reconocer lo que de veras es el pecado. La Ley no fue dada para mostrar a los hombres lo que pueden hacer, sino para corregir sus ideas de lo que es bueno y lo que es malo para Dios. El “libre albedrío” es ciego, porque necesita ser enseñado por la Ley. Es también impotente, porque no justifica a nadie ante los ojos de Dios.

ARGUMENTO 4: LA LEY FUE DISEÑADA PARA GUIAR A LOS HOMBRES A CRISTO POR MEDIO DE DARLES UN CONOCIMIENTO DEL PECADO.

El argumento a favor del “libre albedrío” es que la Ley no hubiera sido dada si no fuéramos capaces de obedecerla. Erasmo2: dice usted repetidamente: “Si nada podemos hacer, ¿cuál es el propósito de todas las leyes, los

clip_image001

1 Jerónimo (c. 347-420) – distinguido traductor, exegeta y teólogo de la iglesia primitiva; tradujo al latín la Biblia, conocida como la Vulgata.

2 Desiderio Erasmo de Rótterdam (c.1466-1536) – Humanista y teólogo católico romano de la época del Renacimiento holandés, reconocido como el “Príncipe de los humanistas”, destacado erudito bíblico, poderoso defensor de la reforma eclesiástica. Creyendo que toda educación debiera tener la meta de capacitar a los lectores a comprender las Escrituras, preparó su propia edición del Nuevo Testamento, publicado en 1516. Conteniendo un NT griego, una traducción al latín y anotaciones, preceptos, las amenazas y las promesas?” La respuesta es que la Ley no fue dada para mostrarnos lo que podemos hacer. Ni siquiera nos fue dada para ayudarnos a hacer lo bueno. Pablo dice en Romanos 3:20: “Por medio de la ley es el conocimiento del pecado”. El propósito de de Ley es mostrar qué es el pecado y a dónde lleva: a la muerte, al infierno y a la ira de Dios. La Ley sólo puede destacar estas cosas. No puede librarnos de ellas. ¡La liberación viene únicamente por medio de Jesucristo, que nos es revelado en el evangelio! Ni la razón ni el “libre albedrío” pueden guiar a los hombres a Cristo, porque la razón y el “libre albedrío” en sí necesitan la luz de la Ley para mostrarles su propio mal.

Pablo formula esta pregunta en Gálatas 3:19: “Entonces, ¿para qué sirve la ley?”. Pero la respuesta de Pablo a su propia pregunta es la opuesta a la de usted [Erasmo] y a la de Jerónimo. Usted dice que la Ley fue dada para probar la existencia del “libre albedrío”. Jerónimo dice que era para frenar el pecado. Pero Pablo no dice ninguna de las dos cosas. La totalidad de su argumento es que los hombres necesitan una gracia especial para luchar contra la maldad que la Ley saca a luz. No hay cura hasta que la enfermedad es diagnosticada. ¡La Ley es necesaria para hacer ver a los hombres lo peligroso de su condición, de modo que anhelen el remedio que se encuentra únicamente en Cristo! Entonces las palabras de Pablo en Romanos 3:20 pueden parecer muy simples, pero tienen suficiente poder como para hacer que el “libre albedrío” sea total y completamente inexistente. Pablo dice en Romanos 7:7: “porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás”. ¡Esto significa que el “libre albedrío” ni siquiera sabe qué es el pecado! ¿Cómo, entonces, puede el “libre albedrío” saber qué es lo recto? Y si no sabe lo que es recto, ¿cómo puede esforzarse por hacer lo recto?

Página: Anterior 1 2 3 4  Ver Todas   Siguiente

Publicado por Rincón de Amistad en Estudios bíblicos, Libros Publicados

«

» 

Enviar Comentario