Lo Más Importante

22. junio 2010

7 Comentarios

LICCY valentine logo Es importante que nos ocupemos del aspecto que presentamos ante los demás, pero es más importante lo que en realidad somos a solas con nosotros mismos y en la presencia de Dios. Siempre me ha impresionado este versículo en 1Corintios 13: 3 “Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer a pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado y no tengo caridad, de nada me sirve”. Es increíble todo lo que podemos hacer sólo en la apariencia.

Entonces, lo verdadero o realmente importante no es lo que parecemos, tampoco es lo que tenemos o hacemos, ni siquiera la opinión que tengan algunos, de nosotros. Vale lo que somos muy dentro de nuestro interior y en la intimidad de nuestro mundo espiritual.

A veces logramos aparentar que somos virtuosos, al extremo de que nosotros mismos podemos confundirnos y pensar que de verdad somos muy buenos. O por el contrario, quizás tenemos un corazón tierno, amoroso y noble y los golpes de la vida han hecho que nos forremos de una capa de dureza y frialdad, cuando la realidad es otra.

Profundicemos en nuestro yo, sumergiéndonos en nuestro interior, olvidándonos un poco de lo que los demás puedan ver en nosotros y recordando siempre que Dios mira el corazón y conoce hasta el más íntimo de nuestros pensamientos. Pidámosle con corazón sincero que nos renueve, que refresque nuestra alma limpiándola de toda impureza, para que seamos verdaderos de adentro hacia fuera. Y aun cuando nuestro exterior no sea atractivo, podamos sentir el bienestar de estar a cuentas con Él, de estar ciertos de que somos “templos de Dios y que el Espíritu de Dios mora en nosotros”, porque nada se puede comparar a la satisfacción de sentirnos interiormente limpios, reales y verdaderos. Eso, sin lugar a dudas, es Lo Más Importante.

¬ Publicado por LF en El Rincón de los Libros

No mi Voluntad, Sino la Tuya

16. junio 2010

4 Comentarios

Mi Logo Traigamos hoy a la memoria la oración de nuestro Maestro y Señor y repitámosla con Él, para hacerla nuestra: “Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero, no se haga mi voluntad, sino la Tuya”.

No habrá una mejor forma de comenzar el día que rindiéndonos a la suprema voluntad. Desistir de nuestra propia fortaleza, de nuestra sabiduría, de nuestras intenciones… y renunciar al ego con todas sus miserias, porque nuestra gran necesidad es tener la aprobación de Dios.

Traigamos a la memoria al patriarca Abraham, el amigo de Dios y padre de la fe, cuando subió al Monte Moriah para sacrificar a su hijo, con el corazón quebrantado y abatido, pero sumiso y obediente a la orden divina.  El amor y la obediencia en su máxima expresión, sacrificando lo más querido.

Si queremos recibir la divina gracia; si queremos ver nuestras oraciones contestadas; si de verdad queremos vivir a la semejanza de Cristo, tenemos que ir al monte del sacrificio “con el cuchillo en alto y dispuesto a hundirlo sobre lo más querido, si Su voz nos lo ordena…”

Unámonos en esta sabia petición de R. Tagore:

“He venido a Ti, Señor, para que me toques con Tu mano antes de comenzar el día.  ¡Descansa un momento Tus ojos en mis ojos y deja que me lleve a mi trabajo la certeza de Tu presencia!

Dame fuerzas, Señor, para llevar ligero mis alegrías y mis pesares.

Dame fuerzas para que mi amor dé frutos útiles.

Dame fuerzas para no renegar nunca del pobre, ni doblar mi rodilla al poder del insolente.

Dame fuerzas para levantar mi pensamiento sobre la pequeñez cotidiana.

Dame en fin, fuerzas para rendir mi fuerza, enamorado, a Tu voluntad”.

¬ Publicado por LF en El Rincón de los Libros

Creados Para Servir

1. junio 2010

10 Comentarios

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas” Ef. 2:10

Sin duda alguna, y muy al contrario de lo que algunos piensan, no fuimos creados para vivir bien y divertirnos, ni para hacer lo que nos haga la vida agradable y placentera. Fuimos creados para servir, para servir a Dios y a los demás. Es bueno y necesario reconocerlo para que nuestra vida tenga significado y valor. Cuando el humano trata de vivir solo para él, para lo que le gusta y lo que desea, pensando que va a ser feliz, se equivoca. Esa es la manera más segura para hallar la infelicidad.

Cristo dijo: “Cualquiera que diere un vaso de agua en mi nombre, no perderá su recompensa”. Si sólo un vaso de agua que demos a un sediento va a ser recompensado por Dios, entonces para Él es de mucha importancia nuestras obras de amor, entendiendo que aunque no somos salvos por ellas, debemos vivir para ellas.

Y si meditamos en el tiempo de nuestra vida, las veces que hemos tenido la oportunidad de ayudar a alguien, nos damos cuenta que hay pocas cosas que contribuyan más a nuestra felicidad que servir y es porque cuando lo hacemos estamos cumpliendo con el plan de Dios para nosotros.

Si en realidad, nos acostumbráramos a pensar que el servicio que damos a cualquiera de nuestros semejantes, Dios lo ve como si lo hiciéramos a Cristo, ¡con cuánto gusto lo haríamos! ¡Qué cuidado amoroso pondríamos al realizarlo! Siempre estaríamos disponibles y listos para lo que se nos necesitara. Prestaríamos atención a cada necesidad. Buscaríamos la manera de ayudar en lugar de dejar escapar la oportunidad… Seríamos fieles a nuestro ministerio cumpliendo con nuestras responsabilidades. Cumpliríamos nuestros compromisos, aun a costa de nuestra vida. No dejaríamos nuestro trabajo a medias, ni lo abandonaríamos por desánimo o porque algo no nos salga como esperábamos. En fin, seríamos dignos de toda confianza. Jesús se despojó a si mismo tomando forma de siervo, y uno de los ejemplos más conmovedores de servicio es el Suyo cuando lava los pies a Sus discípulos, y lo hizo para enseñarles “Porque ejemplo os he dado –dijo- para que como yo he hecho, vosotros también hagáis”.

Agradezcamos cada oportunidad que Dios nos conceda de servir a un anciano, un vecino, un minusválido, un enfermo, un niño o cualquiera que necesite nuestra ayuda. Y “considerémonos los unos a los otros para provocarnos al amor y a las buenas obras”, pedía el Apóstol a los hebreos. “Y no perdáis vuestra esperanza que tiene grande remuneración de galardón”.

¬ Publicado por LF en El Rincón de los Libros