Un Modelo de Carácter

12. mayo 2010

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Cuando Dios puso a Adán y Eva en el Edén, ellos eran los representantes de la raza humana. Desde el momento que ellos desobedecieron a Dios, toda la raza humana cayó en pecado. La mente del hombre cayó, por eso es que el hombre es ignorante por naturaleza, de las cosas de Dios. Por eso es que todos somos pecadores.

No hay ningún poder sobre la tierra que pueda resolver este gran problema del hombre. “Porque la paga del pecado es muerte”. Pero Dios amó a la humanidad caída con un amor tan grande que envió a su Hijo a morir para pagar el precio por nuestro pecado. Él es el único que puede ayudarnos a que podamos vencer el pecado. Porque Él con su vida, su muerte y su resurrección obtuvo ese poder.

El hombre pecador, necesita entender que hay promesa de vida eterna para el que guarda la palabra de Dios. “El mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1Juan 2:17)

Por la palabra de Dios entendemos que hay una guía justa dada por Dios al hombre por la cual mide el carácter. Esa guía es Su santa ley, que se nos ha dado como una norma de vida. Nuestro deber es cumplir con sus requerimientos, porque es la única forma de honrar a Dios el Padre que dio la ley y a Jesucristo su Hijo que murió para magnificarla y engrandecerla. “Si guardareis mis mandamientos estaréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y estoy en su amor” -dijo Jesucristo. (Juan 15:10)

Es importante entender que no es solamente aceptar la palabra de Dios, comprender que es buena y saludable, sino que tenemos que practicarla en la vida diaria y llevar a cabo sus principios. Es como único podrá tener un efecto santificador y renovador en nuestro carácter.

El hombre de sí mismo es incapaz de guardar los mandamientos de Dios. Todos somos pecadores, pero Dios ha provisto la forma de que el pecador condenado pueda ser liberado. “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1Juan 2:1) Y “Si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. (1Juan 1:9)

La confusión de algunos está en que creen que como Cristo salva al pecador, elimina la ley que lo condena. Él dijo: “Yo no vine a abrogar la ley, sino a cumplirla”. La ley nos muestra nuestros pecados como un espejo. El apóstol Pablo dijo que por la ley es el conocimiento del pecado. Así es que la ley nos muestra el pecado como un espejo nos muestra que nuestro rostro no está limpio. Pero el espejo no tiene poder para limpiarnos el rostro, sino señalarnos que está sucio. Así es la ley, señala nuestros defectos y nos condena, pero no tiene poder para salvarnos. El único que puede perdonar pecados es Jesucristo. Él tomará nuestra culpa cuando vengamos arrepentidos y humillados reconociendo que hemos pecado, y nos justificará ante Dios. Y no sólo nos perdonará, sino que nos libertará del pecado, para que no vivamos como siervos de él. Además el Señor amante nos dará el entendimiento y las fuerzas para rendirnos en obediencia a Su santa voluntad. “Porque –dijo el apóstol Pablo- no los oidores de la ley son justos para con Dios, mas los hacedores de la ley serán justificados”. (Ro.2:13)

Cuántos hay que establecen sus propias normas para ellos mismos y así enseñan a otros, haciendo su propia voluntad en lugar de hacer la voluntad de Dios. Dios demanda de nosotros que edifiquemos nuestros caracteres sobre un fundamento firme que soporte la prueba del juicio de Dios.

Nos ha tocado vivir en una época sumamente difícil, pero nacer y vivir en este tiempo es algo que ninguno de nosotros ha elegido. Lo que sí podemos y debemos decidir es el rumbo que daremos a nuestra vida y a la de nuestras familias.

Podemos tomar la decisión de aceptar las pautas y normas morales y espirituales actuales, que están hundiendo a los hombres en perdición y muerte, o bien tomar la decisión valiente y esperanzada de enfrentar la vida con valores y principios superiores, siguiendo Un Modelo de Carácter Perfecto: Jesucristo.

¬ Publicado por LF en El Rincón de los Libros