A Todos Los Sedientos…
23. abril 2010
Hay pocas cosas en este mundo que se puedan adquirir gratuitamente, y por más insólito que parezca, le damos más importancia a las cosas que más nos cuestan. ¿Será ese el motivo porque tantos rechazan el evangelio? Sin embargo, cuando vemos que no tenemos nada, que el mundo nos rechaza, que no podemos con la carga y todo tambalea a nuestros pies. Cuando entendemos que esta vida es “un pestañeo entre dos eternidades”, y nos encontramos sin esperanza, hambrientos y sedientos… Estas palabras del amante salvador suenan como una música celestial en nuestros oídos. “El que tiene sed venga. Y el que quiere, tome del agua de la vida de balde”. (Apoc. 22:17
Así es de sencillo amigo, ¡Ven! No hace falta preparación académica, no necesitas buena apariencia, ni dinero, ni siquiera recomendaciones por tus virtudes, ni buenos sentimientos, ni buenas obras, pero si tienes sed, entonces ¡Ven a las aguas!
Tal vez no tienes ninguna creencia, o no sientes arrepentimiento. Quizás piensas que no eres pecador porque no le has hecho daño a alguien. Pero de todas maneras si sientes sed, necesidad de algo que refresque tu interior, ven a las aguas. Dios te va a dar el entendimiento a medida que escuches Su palabra para que te arrepientas y seas salvo.
Las fuentes de agua están en cada iglesia, en cada institución cristiana que guarde la palabra de Dios. No podemos imaginarnos a alguien que llegue hasta allí y diga que no puede tomar porque no tiene dinero o méritos. Tú puedes venir tal como estás a tomar del agua de la vida, sin dinero y sin precio. Jesús se da a Sí mismo a los que lo necesitan, porque El es la fuente que salta para vida eterna.
No importa lo pobre que sea el hombre, allí está la fuente, y así tal como él es, debe allegarse a ella y tomar. No importa cómo sea tu apariencia, cómo vengas vestido, adonde vives o qué tipo de carro manejas. Ahí está el agua, Jesucristo mismo ha provisto el refrescante vaso.
Cuántos hay que van por la vida con labios resecos, muy vanidosos para venir a Cristo, muy superiores para saciar la necesidad del alma en el mismo lugar en donde se convirtió el ladrón, el pobre, el miserable… el que no sabe hablar, el que no tiene grandes conocimientos –“¿No hay otro camino a la vida que ese? Entonces me salvaré de otra manera”. ¡Pobre de ellos, nunca hallarán el agua que sacia la sed! . Porque tratarán de tomar en “cisternas rotas”: “Dos males ha hecho mi pueblo: dejáronme á mí, fuente de agua viva, por cavar para sí cisternas, cisternas rotas que no detienen aguas”. (Jer 2:13) “Mirad que nadie os engañe” –dijo Jesús- Nadie puede comprar un perdón o una bendición o un milagro. “Venid y tomad sin dinero y sin precio”.
“Procurad Lo Bueno Delante de Todos Los Hombres”
18. abril 2010
…Si dijeres: Ciertamente no lo supimos; ¿No lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, Y dará al hombre según sus obras. (Proverbios 24)
El capítulo 12 de Romanos, como toda la palabra de Dios, nos da pautas a seguir que si las usamos nos darán excelentes resultados en nuestra búsqueda de una vida mejor, más cristiana y más feliz, porque cuando vivimos así, en paz y en amor, cumpliendo con nuestro deber, “procurando lo bueno delante de todos los hombres”, sin lugar a dudas somos más felices.
Hay quienes piensan que pueden vivir a su manera, no importa cómo, “porque” –dicen- “No me importa lo que piense la gente, Dios me comprende”. De acuerdo a la Escritura, esa no es la manera de actuar de un hijo de Dios, sino “Procurando las cosas honestas, no sólo delante del Señor, mas aun delante de los hombres”. (2Cor. 8:21)
¿De qué otra manera podremos testificar que estamos en la luz y la verdad de Dios si nuestras obras no son buenas? Y si predicamos, pero no vivimos lo que predicamos, entonces somos como los fariseos hipócritas que condenó nuestro Señor. “¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que de fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas de dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad”.
Jesucristo dijo: “Para que vean (los hombres) vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.
Los pecadores viven en glotonerías y borracheras, en lujurias y lascivias, en contiendas y envidias. Pero los hijos de Dios andan como de día, honestamente, y se visten del Señor Jesucristo, y no hacen caso de la carne en sus deseos. (Romanos 13:13,14)
Que el Señor nos bendiga con estos preciosos preceptos y que los perdidos vean a Cristo en nosotros como “olor de suavidad” para que anhelen venir a El. Ese debe ser nuestro gran interés, recordando que estamos aquí de pasada y que el objeto de nuestra vida, como el del Apóstol Pablo, no es buscar nuestro propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.
“¿Quién Subirá al Monte de Jehová?”
8. abril 2010
Se dice que en algunos de los valles de Suiza, muchos de los habitantes están deformados y con una apariencia enfermiza. El problema radica en que la atmósfera de esos lugares está cargada porque son lugares cerrados. El estrecho valle de Engadina, por ejemplo, se encuentra encajonado en los Alpes, teniendo dos altas montañas que lo encierran por el norte y el sur.
Sin embargo arriba, en las montañas, se encuentra una raza robusta y saludable porque respira el aire puro y fresco que sopla de las nevadas cúspides alpinas. Sería bueno si los habitantes del valle dejaran de vez en cuando sus moradas entre los pantanos, y fueran a respirar el aire tonificador de las montañas.
En el mundo en que vivimos sucede así, hay lugares bajos, con la atmósfera cargada y tóxica, pero donde nos resulta más fácil estar, porque subir es difícil, requiere un gran esfuerzo y sacrificio… ¡Cuánto necesita nuestra alma elevarse sobre las miserias de este mundo a un ambiente más noble y más bueno!
¿Por qué conformarnos con una vida enfermiza y miserable? ¿Por qué vivir una vida carnal, egoísta y orgullosa arrastrándonos en el lodo? Necesitamos aprender a volar para subir y ascender a las montañas donde se respira santidad y pureza. Necesitamos alcanzar la cima para que nuestra alma logre alcanzar la comunión con Dios, su Hacedor.
El Salmista, inspirado, dijo: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en el lugar de su santidad? Y él mismo da la respuesta: “El limpio de manos y puro de corazón. El que no ha elevado su alma a la vanidad, ni jurado con engaño. Él recibirá bendición de Jehová y justicia del Dios de salud”. (Salmo 24)
“Pedid Todo lo que Quisiereis…”
7. abril 2010
Qué hermosa promesa de Jesucristo a sus discípulos: “Si estuviereis en mí y mis palabras estuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis, y os será hecho”. (Juan 15:7) Parece fácil a simple vista, pero en ocasiones nos damos cuenta que no lo es, y que no podemos recibir todo lo que quisiéramos, porque no estamos en Él.
Qué gran necesidad tenemos los cristianos de vivir en Cristo, de amarlo y permanecer en una unión total con Él, para poder echar mano de esta promesa: “pedid… y os será hecho”. Para vivir en El, necesitamos tener una unión constante con el Salvador, y sabemos que no es imposible, porque las Escrituras nos hablan de hombres que alcanzaron ese grado espiritual.
El corazón debe estar lleno del amor de Dios, la mente afirmada en la fe; la vida toda cimentada en la esperanza de la palabra de Dios; todo el ser uno con Dios. De otra manera, ¿cómo podría Dios darnos todo lo que pidiéramos? Porque no pediríamos de acuerdo a Su santa voluntad. “Pedís y no recibís, porque pedís mal para gastar en vuestros deleites” –dijo Santiago.
El Señor nos dará todo lo que pidamos, cuando podamos decir: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi”. ¡Qué poder espiritual tendremos entonces! ¡Qué confianza en la bondad de Dios y qué seguridad en Sus promesas! Ya no nos sentiremos medrosos ni derrotados por las angustias de la vida porque seremos “más que vencedores por medio de Aquel que nos amó”.