¡Tengo Un iPod!
25. febrero 2010
Queridos amigos del Rincón de Amistad,
Debo confesarles algo: ¡Tengo un iPod!
Me sacudí el polvo de los años y me dije: ¿Y por qué yo no? ¿Por pasadita de años? Recordé una expresión que se hizo famosa en nuestra familia desde que una de mis primas, al indicársele que estaba un poco pasada de peso, contestó con mucho orgullo: “¡Gorda, pero modernona!” Y yo pensé, O.k. esta vez la cosa es: “Vieja, pero ¡modernota!”
Cuando era joven pensaba que no podría vivir sin escuchar música. Todo el día lo pasaba oyendo himnos o música instrumental. Cuando tuve a mis hijos también desde recién nacidos les ponía a que escucharan música todo el día.
La vida se fue tornando más y más complicada al extremo que hasta el hecho de dejar lo que estaba haciendo para ir a encender el estéreo, era tomar mucho tiempo…
Traje a mis padres a vivir con nosotros, cuando ya viejos y enfermos no podían seguir solos. A mi papá le encantaba la música y se la ponía de vez en cuando y la disfrutábamos, pero ya mi padre no está y a mi mamá no le gusta escuchar nada que no sea silencio. Así es que, aunque en algunas ocasiones me rebelaba, y le “declaraba la guerra”, al final terminaba sin disfrutar nada de lo que oía y sus suspiros junto a mi sentido de culpabilidad me obligaron a rendirme. Entonces adiós música…
Unos días antes del 14 de febrero, mi esposo me preguntó:
-¿Qué quieres que te regale el día de los enamorados? Y no tuve que pensarlo, inmediatamente casi grité:
-No quiero ni flores ni bombones ¡quiero un iPod!
La culpa la tienen las amigas, que durante un viaje que dimos juntas me dieron la gran idea…
Ya mis hijos, que tienen los de ellos hace tiempo, sienten celos porque el mío tiene 1356 himnos, gracias a Milca y el querido sobrinito Jeffrey, que me los grabaron. Y gracias a Dunita que había escogido y grabado toda esa música con mucho cariño para Milca. Además me dijo que cuando tuviera algo nuevo me lo enviaba enseguida. ¡Qué buenas son mis amigas!
Ahora es a mí a la que tienen que tocar en el hombro para que escuche cuando la llaman. Ahora soy yo la que tarareo una canción que nadie más escucha… Ahora mi alma se eleva en adoración muchas horas al día y los muchos quehaceres no me cansan… Ahora practico todo el día para cuando llegue el glorioso día que pueda unir mi voz al coro de los salvados. Imagino cuando estaremos todos igualmente sentados cerca del trono desde donde adoraremos y podremos contemplar de muy cerca el amado rostro de nuestro Salvador. Imagino cómo disfrutaremos de Su amor, sentados a la misma mesa con Él. Todos igualmente amados, todos sus favoritos… sus hijos, cantándole al Cordero de gloria, y recordando la más perfecta historia de amor jamás vivida…
¿Qué les parece a los amigos, lo que me ha dejado este mes del amor?
Influencia Salvadora
18. febrero 2010
Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa en medio de la nación maligna y perversa, entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo (Filipenses 2:15)
Lord Peterborough, un escéptico, pasó la noche en casa de Fénelon, un cristiano muy ferviente. Al día siguiente muy de mañana, apresuró su salida alegando: “Si paso otra noche con este hombre, me haré cristiano por más que me resista”.
Es cierto que vivimos en medio de una “nación maligna y perversa”, como dijo el apóstol Pablo a los filipenses, y el mal tiene una terrible influencia. Pero es cierto también que una vida santa tiene un poder irresistible. Así es que para tener una influencia salvadora en nuestro entorno, necesitamos buscar la santidad. El Apóstol dijo que ellos resplandecían como luminares en el mundo, en medio de aquella nación maligna.
En el tiempo que estamos, para persuadir no bastan las palabras, es necesario vivir bien para poder influir de una manera bienhechora en nuestros hijos; en el cónyuge inconverso; en los compañeros de trabajo, en los amigos o simplemente en cualquiera que trate con nosotros.
Alguien dijo que “al revelar en nuestra propia vida el carácter de Cristo, cooperamos con Él en la obra de salvar almas”. No sabemos qué resultados traerá un día, una hora, un momento… Por eso, no comencemos el día sin encomendar nuestros caminos al Padre celestial, para que sea Él quien influya en nuestras palabras y en nuestras acciones. Es de la única forma que podremos llegar a ser “ irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa”. Que este sea nuestro lema: Quiero tener una influencia salvadora, que todo el que se acerque a mí sea, al irse, una persona mejor.
Queridos amigos, quiero pedirles que si recuerdan algún ejemplo de una buena influencia en alguno de los personajes bíblicos, lo escriban en un comentario para bendición de todos.
De Nuestro Anecdotario
13. febrero 2010
Era un matrimonio de casi 60 años de casados. Él, un anciano de 89 años de edad y con la enfermedad del Alzheimer, que no le permitía muchas veces reconocerla, cosa de la que ella sacaba partido y así conversaba con él haciéndose pasar por otra…
Yo cocinaba mientras escuchaba esta conversación entre ellos, que quedó bien impresa en mi memoria.
-¿Cómo se siente hoy, señor Mondéjar?
-Aquí bastante bien hija, gracias. –Ella le da un besito y él, complacido y risueño le dice:
-Gracias, gracias, tú estás muy linda ¿sabes?
-Tenga cuidado, que lo oye su “negrita” (Así le llamaba él cariñosamente a ella misma, su esposa)
-Oh no, no se preocupe, ella es muy buena…
-Sí pero se pone celosa.
-¡Ja ja ja!
-Dígame Mondéjar, ¿usted no podría quererme a mí?
-¡Cómo no, mi amor! -Y en tono de complicidad- Si quieres nos casamos.
-Bueno, yo me caso con usted solamente si usted me quiere a mí más que a la “negrita”, si no, no me caso. –Entonces, él, en un instante de comprensión, con una emoción intensa que lo hizo llorar, le dijo:
-Oh no, hija tienes toda la razón, ¡no podré amarte como a ella!
“La felicidad suprema de la vida es la convicción de que somos amados”
Recomendación Apostólica
9. febrero 2010

El Amor
7. febrero 2010
Anuncio de un Poeta
4. febrero 2010
Quiero mujer así:
Joven, discreta, no muy alta,
Ni flaca, ni bonita;
De todo regular.
No soy poeta.
Que se vista como una castellana:
Recatado el escote, falda honesta,
Y que luzca altivez de soberana.
Que sepa descoser el alma mía,
Volverla de revés, quitarle manchas
Y hacer mi vida clara como el día.
Que me perdone todas mis diabluras,
Que no acostumbre el cine los domingos
Y no quiera estudiar literatura.
Que sepa cocinar y hacer milagros
Con el poco dinero que me gano,
Pensando en verso y trabajando en prosa.
Y por cima de todo que me tenga,
Cuando me mire derrotado y triste,
Un amor parecido al de mi madre.
Urgente. Pago bien:
Mi vida entera,
Mi corazón, mi fe, mis altiveces.
De contado o a plazos.
¡Como quiera!
Miguel Ángel Menéndez