Un Año Más Se Va…

31. diciembre 2009

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Mi Logo Cuando llega esta fecha, casi todos decimos asombrados:  “¡Cómo pasa el tiempo!”  Pero la realidad es que somos nosotros los que pasamos.  Por eso alguien ha dicho que es gran sabiduría pensar cada día que ese podría ser el último y  tener muy presente que estamos aquí de paso, porque un día vamos a morir.  Esa es una forma sabia de vivir, porque así valoramos cada minuto, reconociendo que la vida es breve e incierta. 

Así cuando nos levantemos cada mañana agradeceremos el tener la oportunidad de escribir una página más en el libro de nuestra vida y trataremos de que sea cada vez más hermosa, sin borrones ni manchas.  Entenderemos que cada momento que le dediquemos a la ira, los celos, el egoísmo o la envidia, serán momentos lastimosamente desperdiciados. image

Mediremos la vida en buenas acciones y en sentimientos de amor y de bondad, más que en años o estaciones, porque nos importará más vivir bien que vivir mucho. Y esas buenas acciones no serán sólo para unos pocos, sino para todos, comenzando por los que están con nosotros, porque, como dijo un gran escritor, “es dudosa la caridad que extiende la mano para ayudar a los lejanos pobres”.

Esta noche, al despedir el año que se va, vamos a abrazar un poco más fuerte, por un poco más de tiempo a nuestros seres queridos; a los que están a nuestro lado.  Así agradeceremos a Dios por ellos, el mayor regalo, y no le pediremos nada, sólo quizás un día más, para ser mejores…

 

¬ Publicado por LF en El Rincón de los Libros

La Maravilla de la Navidad

24. diciembre 2009

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¡Nació Jesús!  No vino por unos pocos privilegiados.  No vino por los más talentosos o agraciados.  Ni vino sólo para los jóvenes o para los ancianos; para los ricos o los pobres. ¡Vino por toda la raza humana! Vino por los corazones angustiados y trabajados… y también por los de espíritu alegre.  Vino por los pequeños y los grandes; por los temerosos, los intrépidos; por los célebres y también por los olvidados…  Vino por ti y por mí.  Esto fue una idea de Dios, una idea infinitamente sublime a favor de toda la raza humana.  Esa es ¡la maravilla de la Navidad!

Cuando somos capaces de entender este prodigio del amor de Dios, queremos unir nuestras voces al cántico de las huestes celestiales llenando el aire de gozo y alabanza como en aquella bendita noche cuando nació el Salvador.

Glorifiquemos a Dios, al que no escatimó a Su hijo, sino que lo entregó por nuestra redención y pidamos humildemente que la estrella que guió a los ilustres visitantes de tierras lejanas; aquella que iluminó el pesebre, alumbre nuestra senda y nuestro entendimiento hasta el fin de nuestros días.

Que el toque milagroso de la Divina gracia del Niño de Belén nos restaure, llenando el alma de dulce paz y humildad, para que nuestra adoración sea pura y sincera.  Con la pureza y la verdad que hay en el corazón donde Él ha nacido, y sintamos la necesidad de revelar el mensaje de la redención a todos los que encontremos a nuestro paso.  Para que otros puedan comprender que el nacimiento de Cristo fue el amanecer de un nuevo día para la humanidad. ¡Día de esperanza y de amor!

Queridos amigos del Rincón de Amistad, mi petición a Dios es que todos podamos entender ¡la maravilla de la Navidad! Y que nuestro corazón, humillado ante tan gran amor se derrame ante Él en una libación de gratitud y se rinda a la suprema voluntad viviendo para Su gloria.

Noche De Paz

22. diciembre 2009

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 Noche de pazTodas las navidades desde que supe hablar, he cantado este hermoso villancico que me enseñaron mis padres, y creo que el mundo entero lo canta, pues dicen los historiadores que nació desde el año 1818, en una aldea de Austria, hace 191 años.

Esa letra tan familiar y la sencilla melodía tienen poder para inspirar una paz celestial y una alegría que envuelve todo nuestro ser, porque nos sentimos trasladados en el tiempo a aquella bendita noche y al lugar donde nació nuestro amado Salvador, en un humilde establo, en Belén.

¿Quién puede dudar que, al entonar esta dulce canción, se unan a los fieles los ángeles que la cantaron aquella noche santa?

Cuando cantes este himno, recuerda que Cristo vino a traer paz; la paz verdadera que es quietud del corazón; un reposo de la mente y el alma tan perfectos que nadie ni nada puede alterar.

Pueden llegar a tu vida grandes tormentas, y pueden surgir dentro de ti tempestades de orgullo y soberbia que quieran destruirte, pero en el poderoso nombre del Rey que nació en un pesebre, únete a los fieles de todos los tiempos y canta lleno de confianza esta preciosa melodía, seguro de que vas a conquistar la humildad, el amor, la paz y la fe que darán sentido a tu vida.

¬ Publicado por LF en El Rincón de los Libros

Señor, Toma Mis Panes y Mis Peces

13. diciembre 2009

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mis panes y mis pecesUna historia de vísperas de nochebuena

Éramos muchos hermanos, ocho en total, mi papá trabajaba tiempo completo edificando iglesias.  Y aunque Dios siempre suplió nuestras necesidades básicas, éramos muy pobres, algo que no pasaba desapercibido para nuestras maestras de la escuela.

Se acercaba la nochebuena y la maestra de mi hermana anunció que todos los alumnos debían llevar algo para obsequiar la cena de nochebuena a la familia más pobre del pueblo.

Mi mamá, llena de compasión y alegre de poder ayudar a la familia más pobre, consiguió con mucha dificultad, un paquete de frijoles para que mi hermana lo donara.

Y llegó el día de llevar el presente.  Los muchachos, ordenados en una fila, salieron con la maestra al frente.  Mi hermana no podía dar crédito a sus ojos cuando vio que se encaminaron hacia nuestro hogar.  Al llegar, con mucho cariño la maestra le entregó varios paquetes grandes de comida a mi mamá para la cena de nochebuena.

No sé si aquella buena mujer era cristiana, pero si sé que había interpretado bien el espíritu de la Navidad.  Ella nunca supo que aunque era la víspera de la nochebuena, nosotros todavía no teníamos nada para la cena, pero Dios la usó como instrumento para ayudar a sus hijos.

Siglos atrás, cuando una gran multitud seguía al Maestro para escuchar su mensaje y estaban hambrientos, un niño ofreció al Señor sus panes y sus peces, eran pocos y todo lo que tenía, pero El buen Jesús los multiplicó para que comieran todos, y sobró.

Por eso yo hago esta petición: “Señor, toma mis panes y mis peces”, que nunca piense que son tan pocos que no puedan alcanzar; que tenga la fe para saber que Tú puedes multiplicarlos y saciar al alma hambrienta.  Que entienda que eres Tú quien has “llenado mi cesto”, con tu infinita bondad. Te pido con el poeta: “Aumenta mi caridad para seguir compartiendo.  Que llegue a todos tu pan, y una nueva humanidad viva feliz en tu reino”.

¬ Publicado por LF en El Rincón de los Libros

Libro Corazón –Diario De Un Niño

3. diciembre 2009

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O C T U B R E

EL PRIMER DIA DE ESCUELA

Lunes, 17

Hoy, ¡primer día de clase! ¡Pasaron como un sueño aquellos tres meses de vacaciones consumidos en el campo! Mi madre me condujo esta mañana a la sección Bareti para inscribirme en la tercera elemental. Recordaba el campo, e iba de mala gana. Todas las calles que desembocan cerca de la escuela hormigueaban de chiquillos; las dos librerías próximas estaban llenas de padres y madres que compraban carteras, cuadernos, cartillas, plumas, lápices. En la puerta misma se agrupaba tanta gente, que el bedel, auxiliado de los guardias municipales, tuvo necesidad de poner orden. Al llegar a la puerta sentí un golpecito en el hombro; volví la cara: era mi antiguo maestro de la segunda, alegre, simpático, con su pelo rubio rizoso y encrespado, que me dijo:

-Conque, Enrique, ¿es decir que nos separamos para siempre?

Demasiado lo sabía yo; y sin embargo, ¡aquellas palabras me hicieron daño! Entramos, por fin, a empellones. Señoras, caballeros, mujeres del pueblo, obreros, oficiales, abuelas, criadas, todos con niños de la mano y cargados con los libros y objetos de que antes hablé, llenaban el vestíbulo y escaleras, produciendo un rumor como cuando se sale del teatro. Volví a ver con alegría aquel gran zaguán del piso bajo, con las siete puertas y las siete clases, por donde pasé casi todos los días durante tres años. Las maestras de los párvulos iban y venían entre la muchedumbre. La que fue mi profesora de la primera superior me saludó diciendo:

-¡Enrique, tú vas este año al piso principal, y ni siquiera te veré al entrar o salir! -Y me miró con tristeza.

El director estaba cercado por una porción de madres que le hablaban a la vez, pidiendo puesto para sus hijos; y por cierto que me pareció que tenía más canas que el año pasado… Encontré algunos chicos más gordos y más altos de como los dejé, abajo, donde ya cada cual estaba en su sitio, vi algunos pequeñines que no querían entrar en el aula y se defendían como potrillos, encabritándose, pero a la fuerza les hacían entrar en clase. Y aún así, algunos se escapaban después de estar sentados en los bancos; otros, al ver que se marchaban sus padres, rompían a llorar, y era preciso que volvieran las mamás, con lo que la profesora se desesperaba.

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