De Nuestro Anecdotario…

28. mayo 2009

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en-los-altosEn los Altos

         El Doctor Rally era médico de una comunidad muy pobre.  Tenía su oficina en los altos de una farmacia, y puso un rótulo que decía:  “El Doctor Rally está en los altos”.  Vivía en la máxima pobreza, pero estaba siempre alegre y trabajaba mucho.  Cada vez que daba una factura escribía al final:  “Ya está pagado”.

         Cuando murió, sus agradecidos amigos quisieron comprarle una lápida con una bonita inscripción, pero ni siquiera entre todos pudieron reunir el dinero, entonces cogieron el rótulo:  “El Doctor Rally está en los altos”.

         Esa fue la mejor de las lápidas, porque una vida que se da en bien de sus semejantes, es una vida que se eleva hasta el mismo cielo.  No hay cosa que nos eleve más hacia Dios y que dé más sentido a nuestra vida, que el amor hacia nuestros semejantes.  Es uno de los dos grandes mandamientos y el sumario de la ley.

         Tomemos este ejemplo para dejar a un lado el egoísmo y ayudar a los necesitados, socorrer a los pobres, visitar a los enfermos, consolar, soportar, perdonar y sentir el dolor ajeno… Eso es amor y eso es “estar en los altos.”

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De Nuestro Anecdotario…

24. mayo 2009

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tesoro1A sólo un paso de la cosa más grande

            Cuando estaba en toda su efervescencia en los Estados Unidos la búsqueda del oro en el lejano Oeste, el famoso humorista Mark Twain invitó a un amigo a probar fortuna.  Se hicieron de los utensilios necesarios y hacia allá partieron y empezaron a escarbar en busca del precioso metal en una montaña.

            Estuvieron días y días sacando cubos de tierra, pero no aparecía la más mínima señal de oro.  Agotados, decidieron sacar unos cuantos cubos más, y al no conseguir nada se retiraron muy disgustados.  Pero ocurrió que esa misma noche cayó un fuerte aguacero que puso al descubierto la superficie donde brillaba un rico filón del ansiado oro.  Pasaba por allí un caminante que al verlo fue a las autoridades, declaró el descubrimiento y la fortuna fue suya.  Mark Twain lo comentaba y decía:  “Estuve sólo a unos cuantos cubos de la fortuna”.

            A veces nos esforzamos por la realización de un ideal que hemos acariciado toda la vida.  A punto ya de tenerlo en nuestras manos, o nos detenemos o volvemos atrás cuando un pequeño esfuerzo más hubiera bastado.

            Pidamos a Dios que nos llene de ánimo para esforzarnos y que podamos alcanzar lo que nos proponemos.  Que no volvamos atrás quedándonos a unos cuantos pasos de la salvación, la cosa más grande que puede sucederle a un humano.

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De Nuestro Anecdotario…

21. mayo 2009

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nino_orando¡Vamos a orar!

El más pequeño de mis hijos, cuando sólo tenía cuatro años de edad, a veces se despertaba asustado en las noches por algún sueño, o porque sentía miedo de la oscuridad.  Iba presuroso hasta mi cama y me llamaba:

            -Mami, vamos a orar

Después que orábamos juntos se iba tranquilo para su camita.  Cuando yo le preguntaba:

            -Hijo, ¿ya estás bien?   Su respuesta siempre era la misma:

            -Sí mami, ya oré.

Cristo dijo:  “Si no os volviereis y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”.  Y una de las cosas que debemos imitar de los niños es esa hermosa confianza en la bondad de Dios.  Nunca he olvidado esta lección que recibí de mi hijo pequeño.   Cuando estoy en momentos de turbación, me digo:  “¡Vamos a orar!”

Sí amigos, para alejar el miedo, las sombras, y la cobardía, vamos a orar.

Para hallar consuelo y respuesta al dolor, vamos a orar.

Para adquirir más fe y sabiduría de lo alto, vamos a orar.

No existe un sedante mejor para la ansiedad.  No existe una medicina más eficaz y no existe una luz que nos alumbre mejor el sendero de la vida,  que una buena comunicación con el Padre a través de la oración.

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De Nuestro Anecdotario…

20. mayo 2009

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madres-que-cantan1

Madres que Cantan

          Hubo una mujer que vivía sola con sus dos hijos, el mayor trabajaba de noche para mantener el hogar.  Cuando él salía a pie para su trabajo a altas horas de la noche, la madre lo acompañaba hasta la calle sosteniendo en su mano una luz y cantaba en voz alta hasta que el muchacho desaparecía.  El menor quedaba con su madre en aquellas noches, y años más tarde, cuando era un hombre de negocios decía: “Cuando llegan los días grises y las circunstancias difíciles quieren apagar mi espíritu, vuelvo mis recuerdos hacia mi madre, hacia su ejemplo de valor y hacia sus cantos de amor”.

            Yo también guardo en mis recuerdos los cantos de mi madre.  Especialmente atesoro uno en mi corazón.  Era una tarde tranquila, yo tenía como siete años de edad y mientras ella me peinaba comenzó a cantar:

            “En el cielo de la gloria hay una hermosa ciudad

            Con un bello trono blanco do mora la Trinidad

            Tiene sus calles de oro.  Sus puertas de perlas son…”

            Yo me transporté en alas de la imaginación a aquella ciudad maravillosamente extraordinaria, y me uní a ella en la petición que brotaba de su corazón con tanto fervor: 

            “¡Quiero serle fiel a Cristo para entrar un día en tan bella mansión!”

            Desde entonces, siempre ha estado conmigo aquella sublime visión que estampó mi madre con su canto en mi mente, de la preciosa ciudad de calles de oro, de puertas de perlas, con majestuoso trono blanco…  Sé que por más que tratara nunca sería digna de esa ciudad celestial, si no fuera por la sangre del Cordero que fue inmolado para darnos redención y vida eterna permitiéndonos la entrada a tan gloriosa ciudad.

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De Nuestro Anecdotario…

19. mayo 2009

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altarMi papá fue, desde muy joven, un predicador del evangelio, y no había algo que le diera más gozo que predicar.   Cuando ya tenía cerca de 90 años, sufrió la enfermedad del Alzheimer y perdió la mente casi completamente.  Aun así, cuando se le hablaba de adorar a Dios, cantar o predicar, se llenaba de emoción. 

         Un día que estaba muy deprimido, mi mamá tratando de animarlo, le dijo:

         -¿Me dijeron que vas a predicar hoy?

         -¡Oh sí, casi se me olvida, creo que tengo que predicar!

         -Y ¿qué tema tienes para predicar?  -le volvió a preguntar.    Entonces, muy despacio, con mucha dificultad y tratando de coordinar las palabras dijo:

         -¿Ofrecerás un holocausto hoy?

Para mí eso sólo fue un gran mensaje.  Sentí que mi Padre celestial, con su paternal cuidado me interrogaba amorosamente… Y al mismo tiempo me pedía que no me dejara atrapar por el ajetreo y las actividades de la vida al extremo de no poder sacar unos minutos para “ofrecer mi holocausto”.  Para buscar cada día la provisión que necesita mi alma de perdón, de misericordia y de fe.

         Por eso, todos los días de mi vida trato de “ofrecer mi víctima”: mi propio yo. Trato de hacer buen uso de esta prerrogativa que no tuvieron los fieles de la antigüedad, de a cualquier hora y en cualquier lugar presentarme ante mi Dios tal como estoy.  Le adoro por lo que Él es, le llevo mis cargas, imploro Su perdón y descanso en Su gran misericordia, en Su poder restaurador y en Su fidelidad para cumplir las divinas promesas.  ¡Bendito sea nuestro amado Salvador, quien a través de Su preciosa sangre nos dio acceso al Padre!

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18. mayo 2009

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dios-te-cuida“¡Su ángel es!”:    (Hechos 12: 1-17)

            Estando mis hermanas mayores en un albergue en Cuba, porque trabajaban en el campo para poder salir del país.  Un fin de semana anunciaron un ciclón que se avecinaba.  Era sábado cuando llegaron los camiones para sacarlas del lugar, porque había un río que crecía y pasaba muchos días antes volver a su cauce normal.

            Ellas no quisieron montar en el camión para irse del lugar porque estaban reposando el sábado de acuerdo con el mandamiento: “…mas, el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios…”   Todas las otras muchachas se despidieron de ellas seguras de no volverlas a ver.  En la casa nuestros padres oraban sin cesar, porque el lugar donde estaban era muy peligroso por los ríos cuando había ciclón.

            Cuando se puso el sol, fueron caminando bajo el agua (no cesaba de llover) hasta la orilla del río que estaba amenazadoramente crecido.  Allí no podían ni siquiera ver las barandas del puentecito por donde tenían que cruzar…  Comenzaron a orar y a pedirle a Dios que les permitiera cruzar antes que llegara el ciclón. 

            Entonces de pronto vieron que poco a poco comenzaron a bajar las aguas y ya comenzaron a ver las barandas del puente.   Allí había otras personas que habían pasado el día esperando para poder cruzar. Se cogieron fuertemente de las manos  y en el nombre del Señor se lanzaron a cruzar.  Cuando llegaron a la otra orilla, fueron hacia una casita que estaba al otro lado.

            La anciana que las recibió no podía dar crédito a sus ojos.

            -Es imposible que ustedes hayan cruzado el río, si todo el día ha estado crecido. Ellas le dijeron.  –No, mire bajaron las aguas y nosotros pudimos pasar.  Pero cuando miraron, ya había crecido de nuevo. No se podía ver ya las barandas del puente.

            La anciana llorando, quería darles ropa para que se cambiaran y comida y que se quedaran allí a pasar con ella esa noche tempestuosa.  Pero ellas querían ir para la casa, porque sabían que nuestros padres estarían muy preocupados.  Entonces le dieron las gracias y le dijeron que se iban… Ella les dijo que era imposible que pudieran irse a pie hasta el pueblo más cercano que era Cabaiguán.  Le contestaron:

            -Señora, el mismo Dios que hizo que bajaran las aguas para que pasáramos el río, nos va a ayudar a llegar a nuestro hogar.

            En ese mismo momento vieron una luz que venía, corrieron a la calle y era un hombre en una motocicleta con sidecar, que amablemente se brindó para llevarlas hasta Cabaiguán. (Nunca se supo qué vino a hacer allí aquel señor)  De Cabaiguán tomaron una guagua hasta Sancti-Spíritus.  Llegaron como a las 2 de la madrugada a la casa, empapadas en agua y sin comer en todo el día, pero felices.   Encontraron a los padres orando por ellas, sin poder acostarse.

            Cuando papi salió a abrirles y las vio este fue el grito de gozo que salió de su garganta:  “¡Su ángel es!”  Refiriéndose a la ocasión cuando Pedro fue liberado de la cárcel por un ángel.  (Lea Hechos 12: 1-17)

Allí nadie pudo volver hasta dos semanas después.  Así que si ellas no hubieran podido salir, quién sabe qué habría sido de ellas en ese lugar solas y sin alimentos.  Sin lugar a dudas, “El ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen, y los defiende”. (Salmo 34:7) 

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De Nuestro Anecdotario…

14. mayo 2009

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La protección de Dios:

camion-de-mujeresMis hermanas, Rodes, Suni y Merari, fueron enviadas por el gobierno de Cuba, a trabajar en el campo. Era como un castigo a todos los que querían salir del país por los años 1965 en adelante. Muchachas muy jóvenes y de su casa, nunca habían sido expuestas a tan duro trabajo ni a experiencias tan difíciles.

Tenían que estar toda la semana en albergues y las dejaban ir a la casa los fines de semana. Las llevaban, de madrugada, en unos camiones donde las ponían a todas juntas sin tener ni en donde sentarse, como a las reses. Cruzaban ríos peligrosos que en varias ocasiones estaban crecidos.

Uno de esos días cuando el río estaba muy crecido, ellas iban en el primer camión y oyeron a los hombres que las llevaban decir:

-Vamos a lanzarnos y si se ahogan, ¡que se ahoguen!

Todas las que iban lo oyeron y comenzaron a gritar desesperadamente y sin control. Mi hermana mayor, Rodes se abrazó a Suni y comenzaron a orar. El camión empezó a balancearse en el agua y ella cerró sus ojos y sintió que se desvanecía. Entonces vio una mano fuerte y muy blanca extendida hacia ella. Y escuchó: “Mi mano para dirigir, para proteger, para cuidar…”. Cuando volvió en sí ya habían cruzado el río.

Qué bueno es saber que los acontecimientos que sacuden a nuestro planeta, al igual que aquellos que tenemos que atravesar personalmente, son controlados por nuestro Padre celestial. Un Dios Todopoderoso que tiene en Sus manos el destino de la humanidad y el de cada uno de sus hijos…  Glorificado sea Su santo Nombre.

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De Nuestro Anecdotario…

11. mayo 2009

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la-feCómo un hombre llegó a tener fe:

            Un distinguido abogado narra así la manera cómo sus dudas acerca de la existencia de Dios, se disiparon por completo:

            -He adquirido la fe –dijo- y me ha venido de una manera tan extraña que quiero referírosla:

            Por espacio de muchos años fui un escéptico, leyendo todo lo que caía en mis manos acerca de Dios.  Unas veces asentía, en otras discrepaba, pero nunca fui bastante capaz para ver claramente ambos lados a la vez y pesarlos debidamente hasta llegar a una firme conclusión.  Y así fui deslizándome entre la duda y la probabilidad, como un barco náufrago, sin timón en las inquietas aguas de la duda.

            Al fin me casé con una mujer cristiana, y cada noche leía conmigo su Biblia y oraba.  Yo más bien consentía por amor a ella que por un verdadero interés.  Pero entretanto yo miraba en ella algo que yo no poseía, y que valía mucho más que toda mi superioridad intelectual. 

Solamente un año vivió junto a mí, pues luego murió.  Más que nunca, en sus últimos momentos, probada por el dolor, vi la realidad y el valor de su fe; y cuando ya solo, abrumado por la tristeza y sin un apoyo en la vida, me encontré, sin saber cómo, clamé instintivamente en mi agonía al Dios de ella para que me diera ayuda y consuelo.

            Instantáneamente me vino la respuesta.  Antes de que tuviera tiempo para razonar si creía o no, mi corazón había clamado en su orfandad, y había recibido contestación de Dios.  Y aquel toque de amor y de consuelo fue tan dulce y tan real que seguí orando, y la misma respuesta me ha venido siempre y sé que es de Dios.

            Es así como he llegado a la fe; y difícilmente podré explicarlo.  Sé que es la fe, y sé que es verdad, y sé también que es bastante para mí.

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De Nuestro Anecdotario…

8. mayo 2009

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cartaCarta de una madre:

“Queridísimo hijo:  Recibí tu carta.  Veo por ella que te encuentras triste al no efectuarse lo que deseábamos.  ¿Por qué preocuparte e intranquilizarte tanto?  ¿No reconoces que por encima de nuestras perplejidades hay una Providencia inmutable que nos provee la vida y la sustancia?  ¿Para qué desesperarse con las adversidades de la vida?   ¿Qué se remedia?  Sólo con una sonrisa en los labios y en el corazón se puede hacer agradable la vida y victorioso el esfuerzo.  

Ten valor, fe y calma, y verás que todo pasará.  “Todo tiene su tiempo”  -dice el sabio- el tiempo para llorar anuncia el tiempo para reír.  Confía en el Señor, en quien yo anclo mi esperanza de pasar los últimos días de mi vida junto a ustedes, mis hijos, feliz y satisfecha después de haber pasado por los recios crisoles de los grandes sufrimientos.

Dios no desampara a los que le aman.  Piensa también, hijo mío, que no todo lo bueno, ni todo lo bello, ni todo lo provechoso, está en este espacio que se llama tierra ni en esta limitación que se llama tiempo.  En tus tristezas, recuerda Sus promesas que son grandes, que son fieles.  Con besos y bendición, te saluda tu madre”.

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Espíritu de Colaboración

7. mayo 2009

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colaboracion

“Ayuda con tus obras al intento divino de mejorar al mundo: Sé colaborador de Dios, ve despejando de zarzas el camino de Su divino amor…”

Tengo un sobrino que cuando sólo tenía cuatro o cinco años de edad ya cantaba en la iglesia un coro que dice:

“Cooperación palabra larga. 

Así también es obediencia

Mas, si hago lo que dice papá,

Lo que dice mamá

Anda todo mucho mejor…

          Y alguien dijo que “el éxito en todas las esferas y el verdadero bienestar sólo es posible gracias al espíritu de colaboración entusiasta y desinteresado”.  No tenemos excusas para cruzarnos de brazos, porque las oportunidades para colaborar son innumerables en donde quiera que nos encontremos, en el hogar, en el trabajo, en la calle, en la iglesia…

          Hay quienes se aíslan para no cooperar y se niegan a ellos mismos el placer de una vida activa, útil y noble. Hay que arrojar por la borda la vanidad, la susceptibilidad y el egoísmo para desarrollar un espíritu de colaboración que nos permita vivir en armonía con la ley universal de ayuda mutua.

          ¿Quién no admira y respeta a una familia en donde cada uno se esfuerza por ser el primero en ayudar?  Y ¿qué organización que tenga la colaboración espontánea y desinteresada de todos sus miembros no obtiene un gran éxito?

          Salvador Iserte escribió: “En el hogar, en el trabajo, en el matrimonio, en la sociedad, en la iglesia no busque excusas para aislarse, querido amigo.  Aunque acabe de pasar por un fracaso o por una desgracia, no se acobarde.  Coopere valientemente con el bien común con todas las fibras de su alma.  Y con toda su voluntad haga frente a los problemas de su casa, de su empresa, de su iglesia y dé su tiempo con decisión y con alteza de miras”.

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