Hacia el Eterno Hogar

24. marzo 2009

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          Cuando yo era niña le tenía mucho miedo a la muerte, tanto que cualquier conversación referente a ella me causaba verdadera inquietud.  Poco a poco fue desapareciendo aquella angustia y en el transcurso de la enfermedad de mi padre antes de morir, comencé a ver la muerte de una manera completamente diferente.  Yo vi cómo su cuerpo se fue desgastando y fue perdiendo el uso de sus facultades… pero su espíritu ganaba en fortaleza, y su alma estaba –como dijera alguien- “como viajero que ansía ver el hogar a la vuelta del camino”. 

          Así me ha tocado ver de cerca a otros fieles que han partido y he visto ese mismo cambio en ellos.  Un cambio que me hace pensar en el milagro de la metamorfosis.  Vemos el cuerpo muerto del gusano, en tanto que una linda mariposa sale a volar por el espacio radiante de belleza.  Cuando el alma sale de su cuerpo sólo deberíamos ver, no la angustia de la muerte, sino la maravillosa transformación a una vida mejor.

          Me gusta mucho este himno:

          “Anhelo en las regias mansiones morar

          Do reina mi Salvador

          Escucho los ecos de un dulce cantar

          De triunfo y de gran loor

          A mi Supremo Rey

          Alegre cantaré

          Mis ojos han de ver

          La Playa celestial

          Feliz y salvo soy

          Y caminando voy

          Con júbilo a mi eterno hogar”.

Tengo muchos y muy gratos recuerdos de la vida de mi padre.  Una vida fiel saturada de convicción y de fe.  Me dejó el mejor de los legados, la seguridad de encontrarme con él nuevamente en el hogar eterno, en las mansiones que Jesucristo,  nuestro amado Salvador, fue a preparar para los que acepten Su dádiva de gracia.

Sé que nuestra querida Mercedes y sus hermanos han recibido esa misma herencia de su madre que acaba de partir.  El corazón llora, pero la fe nos llena de regocijo.  El gozo del conocimiento alivia el dolor y sólo nos resta permanecer firmes al lado del Señor, guardando Su palabra para que nuestro destino final sea como el de ellos: Hacia El Eterno Hogar.

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¬ Publicado por LF en El Rincón de los Libros

La Contaminación Más Peligrosa

15. marzo 2009

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Hace Muchos años que se viene hablando de la contaminación del ambiente.  Los científicos opinan que es uno de los problemas más serios que afectan a nuestro mundo, pues a medida que aumenta el poder del hombre sobre la naturaleza, el ambiente que lo rodea se deteriora cada vez más.  Se dice que el planeta ha cambiado la estructura natural de su atmósfera en estos últimos años, más que en todo el tiempo que tiene de existencia.  Así es que uno de los retos más importantes a los que se enfrenta la humanidad, -según ellos- es la conservación del ambiente.

Actualmente hay entidades que se dedican a informarnos acerca de cómo cuidar el ambiente y llegan a hacer grandes sacrificios negándose a vivir una vida más cómoda y fácil, para cuidar este planeta en que vivimos.

Pero los cristianos sabemos que el hombre, por más que intente cuidar del planeta, no podrá aplazar el cumplimiento de la profecía, y que un día todo esto perecerá.  La preocupación nuestra debe ser por la de una contaminación aun más temible, a la que la mayoría no le presta atención y es la contaminación de la mente y el espíritu.  La contaminación del ambiente nos podría llevar a la muerte física.  Pero la otra, nos llevaría a la muerte espiritual, y eso tendría consecuencias eternas.

¡Qué horror nos causa pensar que alguien pueda manosear el cuerpo de nuestros hijos!  ¿Y qué de sus mentes?  Están expuestas a diario al más terrible contagio moral de todos los tiempos, y lo más preocupante es que no tienen que salir fuera de sus hogares para contaminarse.

Conociendo la situación del mundo actual, en donde a lo malo se llama bueno y natural, creo que el reto más difícil al que nos enfrentamos es conservar nuestra mente libre de corrupción.    ¿Cómo librarnos de la contaminación moral?  Desde hace miles y miles de años el Salmista encontró una fórmula, que aún hoy no ha perdido actualidad. “Crea en mí, ¡oh Dios!, un corazón limpio”. 

Una de las cosas más importantes que debemos hacer es proteger nuestra mente para nuestro propio bien, el de nuestra familia y todo nuestro entorno.  Limpiemos la atmósfera que nos rodea hablando de lo bueno: “Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación…”  No deshonremos a Dios mirando cosas que contaminen nuestro hogar, “Aparta mis ojos, que no vean la vanidad”.

Una defensa poderosa para mantenernos libres de contaminación es la lectura de la Palabra de Dios. “Las cuales –decía Pablo a Timoteo- te pueden hacer sabio para la salud por la fe que es en Cristo Jesús”.

Y el mismo Apóstol nos da la clave para mantener la mente limpia, libre de contaminación: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre.  Si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad”.

 

 

¬ Publicado por LF en El Rincón de los Libros, Reflexiones

Misionero, trabaja con amor…

11. marzo 2009

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«El trabajo es el amor hecho visible.  Si tú no puedes trabajar con amor, sino solamente con disgusto; sería mejor que dejaras tu trabajo y te sentaras a la puerta del templo a tomar limosnas de los que trabajan con gozo».
¡Qué hermoso es poder trabajar con gozo!  Con un rostro sonriente y una alegre disposición.  Tener los ojos dispuestos para ver la necesidad, y los oídos atentos para escuchar.  Dios ama a los hombres y mujeres fieles que dan su tiempo y su amor con alegría de corazón.
El verdadero misionero mantiene la expresión animada a medida que el trabajo avanza, el sol calienta la espalda y la fatiga se hace sentir.  Goza de la serenidad que calma los nervios cuando la situación es difícil, porque tiene fe.  Posee la suave voz que alivia la fatiga y levanta el ánimo. Los ojos que descubren dónde está la necesidad.          Los oídos que escuchan pacientemente hasta que el corazón se alivie.  La garganta que se reseca a fuerza de hablar explicando la Santa Palabra.  Las manos dispuestas para construir, limpiar, preparar alimentos y ayudar.  La disposición de ir adonde esté la necesidad.
Cuando veas todo eso en alguien, dí: ¡Ese sí es un misionero!  Entonces ve y has tú lo mismo velando como quien ha de dar cuenta de las almas de los hombres.  Aprovecha, gustoso, la oportunidad que Dios te da de trabajar con El en Su viña.

¬ Publicado por LF en El Rincón de los Libros